jueves, 19 de agosto de 2010

CAPÌTULO 3 - EL CHAJÀ DE AGUIRRE

EL CHAJÁ DE AGUIRRE


Su origen reconoce un tronco común con “El Tala”:

• 1819- Lorenzo López obtiene en merced “Las Dos Islas”

• 1822 -Juan José y Nicolás Anchorena compran “El Tala”.

• 1859 - Son sus herederos en línea directa:

Mercedes Anchorena de Aguirre “El Chajá”


Hijos y sucesores de Nicolás de Anchorena “El Tala”


LA MENSURA DE LORENZO LÓPEZ
 
Párrafos de “El Mamotreto” por Carlos Federico Ibarguren publicado en internet




El origen más antiguo conocido de las que más adelante sería las estancias “El Tala” y “El Chaja”, es una vieja mensura existente en el Archivo de la Dirección Geodesia y Catastro de la Provincia de Buenos Aires, en La Plata. Dicha medición fue practicada el 30 de octubre de 1815, por el Agrimensor de la Villa “en un terreno nombrado “Las dos Islas”: “Isla Larga”, e “Isla Redonda”, situado al otro lado del río Salado y partido de Chascomús, dado en merced por el Director Rondeau a don Lorenzo López, por decreto de 27 de Julio de 1819”. Eran las tierras que López había poblado más al allá de la laguna Kakel-Huincul, los dominios Ramos Mexía.

De la Villa trazó el plano en el que el campo aparece dibujado como un rectángulo compuesto de 3 y ¼ leguas de frente y seis de fondo. Eran sus límites: al Norte con Francisco Piñeyro y el yerno de éste, Pedro Blas Escribano (hoy partido de Maipú). El Este corría aledaño a las tierras de Joaquín Suárez, que llegaban al mar (Los Montes Grandes); al Sur confinaba con terrenos del Estado (más tarde serían “Macedo” y “La Argentina” de Leloir- Sáenz Valiente) y con los “Cerros de Bacaloncoy”, fiscales en aquella época; al extremo Oeste se dilataba un ancho espacio de pampa vacía o tierra pública, repartida en el futuro entre “La Merced”,”La Fe”, “El Retoño”, “La Loma de Elso”, “La Constancia”, “Santa María”, “San Enrique” y “El Espartillar”. En 1815 estas tres últimas estancias - derivadas de “Mari Huincul”-, ya no aparecen bajo el dominio de Ramos Mexía sino del Gobierno.

1822 - El 8 de julio de 1822, los hermanos Juan José y Nicolás Anchorena compraron a Lorenzo López el campo denominado “Las dos Islas” que luego llamarían “El Tala”.

Se deja constancia de la operación en tres documentos: Dos recibos firmados por Lorenzo López, donde éste reconoce haber recibido la totalidad del precio de venta, y, posteriormente la respectiva escritura traslativa del dominio.

Primer recibo: “He recibido del Sr. D. Juan José Anchorena la cantidad de quinientas onzas de oro (que equivalían a 8.500 pesos) por cuenta de su estancia Dos Islas, que tengo vendida, y le doy este recibo provisional hasta que se extienda la escritura de propiedad a favor de dicho Señor; y para que conste lo firmo en Buenos Aires a 9 Junio de 1821 -Lorenzo López”.

Segundo recibo: “He recibido del Sr. Juan José Anchorena tres mil quinientos pesos, último resto de doce mil, en cuya cantidad le tengo vendida mi estancia de Las dos Islas, que ya tengo entregada , restando solamente extender la Escritura de venta, que se hará en el momento que dicho Señor lo exija. Y para su resguardo, mientras se verifica ésta, le doy el presente en Buenos Aires a 30 de Julio de 1821 - Lorenzo López-.

El 13 de Junio Juan José le había escrito a Nicolás que estaba en Montevideo:”... Piensa a cuyo nombre pondré las Dos Islas... Piensa si las Dos Islas las pondré a nombre de madre...”.No fue así, porque el 8 de julio de 1822 se protocolizo la compraventa en el Registro Nº 2 del Escribano José Cabral la escritura que deja constancia que “Lorenzo López vende a los hermanos Juan José y Nicolás Anchorena, la estancia de su propiedad conocida con el nombre de Las dos Islas, sita a cien leguas al sur de esta ciudad, con tres y cuartas leguas de frente al Este y seis leguas de fondo al Oeste; con todo lo que corresponde y pertenece en virtud de denuncia que hizo Lorenzo López ante el Sr. Intendente de esta Provincia, Brigadier General Miguel de Azcuénaga, de la merced de dicha estancia y lonja ante el Excelentísimo Señor Director Supremo del Estado, se la otorgaron por auto del 27 de julio de 1819, como consta en los títulos librados a favor de López”.

El 14 de diciembre de 1831 falleció Juan José Anchorena por lo que “El Tala” y las otras estancias que poseía en condominio con su hermano Nicolás, pasaron a ser administradas por éste, por voluntad expresa del difunto; en adelante, la antigua sociedad fraterna continuó desenvolviéndose entre el tío sobreviviente y sus sobrinos los Anchorena Ibáñez.

El 8 de febrero de 1852, a los seis días de caer Rosas, fue nombrado Juez de Paz del Tuyú por un año don Matías Ramos Mejía. Firma el nombramiento el Gobernador interino de la Provincia Vicente López y Planes. Ramos Mejía traslada entonces el Juzgado y el archivo correspondiente a su estancia “Mari Huincul”. Con posterioridad harían idénticas mudanzas, a sus respectivos dominios campestres, los funcionarios sucesores de aquél; en 1856 Apolinario Bellido a “La Felicidad”, en 1859 Nicolás Lastra a “Los Zorzales”, en 1860 Alejandro Leloir a “Macedo”, en 1863 Emiliano Aguirre a “El Chajá”, y en 1864 Enrique Sunbland de nuevo a “Mari Huincul”.

El 24 de mayo de 1856 fallecía en Buenos Aires Nicolás de Anchorena y el prolongado condominio sobre tantas estancias que él mantenía con sus sobrinos, los hijos de su hermano Juan José, siguió vigente entre éstos y sus primos los herederos de aquél, presidiendo la sociedad doña Estanislada Arana de Anchorena, viuda del desaparecido potentado.
1859


MERCEDES ANCHORENA DE AGUIRRE HEREDA “EL CHAJÁ” DE SU PADRE JUAN JOSÉ ANCHORENA
LA HEREDERA

A dos años del fallecimiento de Nicolás de Anchorena, el juez comisionó al Ingeniero Raimundo Prat para medir y dividir el campo de los sucesores de Juan José y Nicolás, en “las inmediaciones de la laguna del Tala y lugar denominado también Las Dos Islas, Partido del Tuyú”. Dicho perito sobre el terreno, el 17 de enero de 1859, comenzó a medir “la parte que ha correspondido a Doña Mercedes Anchorena de Aguirre, hija de don Juan José Anchorena, junto al “denominado mojón del Chajá”. La mensura determinó así los límites:


El Norte, con “San Simón” de Alzaga, el Oeste con “Mari Huincul” de María Antonia Segurola de Ramos Mexía y con campo del Gobierno reclamado a la sazón por los herederos de Jacinto Machado. Pasados cincuenta años, ese campo se llamará “El Retoño”. Al Sur, con “Loncoy” de Segismundo y Herrera; y por ultimo al Este, con “El Tala” propiamente dicho, condominio hasta entonces de los primos hermanos Juan y Nicolás de Anchorena Arana. “Resulta de esta división, que correspondiendo a doña Mercedes Anchorena de Aguirre diez y media leguas cuadradas en propiedad, se halla en posesión de un terreno del Estado, contenido dentro de los límites que le asignan sus mojones, compuestos de media legua cuadrada”.

Concluida la medición Manuel Alejandro Aguirre se traslado a la estancia de su consorte que ya poblaba en sociedad con su hermano Emiliano Aguirre desde 1858.

Hasta 1877 Manuel Alejandro Aguirre mantuvo la sociedad con su hermano Emiliano y puso en marcha la estancia, ya independiente de El Tala.

En 1877 se constituyó una sociedad entre Manuel Alejandro, Emiliano y los hijos del primero: Manuel José y Hortensio, estos dos como dueños del campo que habían heredado de su madre. La sociedad se disolvió al dividir el condominio el 11 de julio 1881 por muerte de su madre doña Mercedes Anchorena de Aguirre, en la sucesión de ésta. Se les adjudicó por mitades el campo “El Chajá” que dividieron en dos lotes iguales, bajo los números 1 y 2, compuesto cada uno de cinco leguas cuadradas, y media más el décimo de otra legua semejante. Pero como la 1° fracción estaba en mejores condiciones para proseguir con el negocio rural, mientras que la 2° convenía arrendarla, acordaron justipreciar, en sobres cerrados, el valor de aquel lote Nº 1; la oferta de Manuel José fue mayor en 200.000 pesos que la de Hortensio. En razón de ello se le adjudicó así:

• Manuel José Aguirre, lote Nº 1, “El Chajá”

• Hortensio Aguirre “El Lucero”, lote Nº 2

Manuel Alejandro Aguirre y su hijo Manuel José formalizaron una sociedad pastoril para explotar las 5 leguas y pico de “El Chajá”. El padre aportó el capital en haciendas y el hijo aportó la estancia con todas sus poblaciones. El padre dirigió el negocio en la ciudad, mientras Manuel J. manejaba el establecimiento en el campo. Los gastos y mejoras corrían por cuenta de éste último, ya que quedaban en la estancia.

Al cabo de tres años se dio por concluida la sociedad y Manuel José Aguirre, pagado el capital social, quedó como propietario absoluto de todas las haciendas que pastoreaban en “El Chajá”, y de las viejas marcas del establecimiento: el ocho, los cuatro siete, la flor y el tirabuzón.


QUIÉN ERA MANUEL JOSÉ AGUIRRE
Párrafos de “El Mamotreto” escrito por su nieto Carlos Federico Ibarguren
En 1873 regresó a Buenos Aires Manuel José Aguirre Anchorena desde Londres a fin de ingresar en la Facultad de Derecho. Se alojó en casa de Hortensio y Damasia Sáenz Valiente Ituarte, primos hermanos de su padre en el barrio sur. Damasia, dueña de la estancia La Argentina, era casada con Jarbas Muñiz Barreto.


La guerra civil está a punto de estallar en todo el país a mediados de 1874. Con varios jóvenes Manuel Aguírre y su hermano Hortensio, simpatizantes de Mitre, a fin de evitar ser movilizados por el Gobierno, se trasladaron a Montevideo. Estalla la revolución a la que se van plegando los generales y los estudios quedan relegados.

Mitre, que estaba en Montevideo, desembarcó en el Tuyú con un abundante cargamento de armas, y allí se puso al frente de cerca de 10.000 insurrectos que había reunido Rivas, parte de cuya gente acampó durante algunos días en la estancia “El Chajá”, de Aguirre, precisamente en el sitio donde aún está el viejo galpón de los toros. Toda la hueste mitrista marchó luego como 70 leguas hacia el noroeste, y, en los campos de “La Verde” — actual partido de 25 de Mayo — resultó vencida totalmente por las fuerzas del Gobierno .

MANUEL JOSÉ SE HACE CARGO DE EL CHAJA
“Al finalizar el verano de 1875, Manuel Aguirre llega a la estancia que heredara en el Tuyú. Con la data: “Chajá” Marzo 15/75, el muchacho le dirige a su padre las siguientes líneas:


“Querido Tata: El 12 llegué aquí después de haber tenido un viaje espléndido y mui cómodo. Emiliano y Ramona (sus tíos) me dicen que te anime para que vengas por aquí. El viaje es cómodo; lo malo que hay en Dolores son los Hoteles, que son bastante malos, sobre todo para señoras. El portador de ésta será probablemente el Mayoral Castillo, con quien puedes entenderte si quieres venir. Creo que vale la pena de venir; yo nunca he visto esto tan lindo. Esta carta está escrita a vapor, porque la galera debe llegar dentro de un momento”.

Al año siguiente mi abuelo se casó en Enriqueta Lynch. Bondad, abnegación y delicadeza, fueron las características espirituales de mi abuela materna Enriqueta Lynch de Aguirre , que a lo largo de su vida le dio catorce hijos a su marido.

Manuel Aguirre se propuso dirigir personalmente su estancia “El Chajá”, en el partido del Tuyú.

Dos días de viaje requería el trayecto entonces para llegar a destino. El Ferrocarril del Sud salía de Plaza Constitución y sólo llegaba a Chascomús desde 1865, año en que los territorios que habían formado un solo partido, indistintamente con los nombres de Tuyú y Monsalvo se dividieron en dos. Al partido del Tuyú no se le designaron autoridades, lo que motivó que los estancieros Nicolás y José Herrera, Emiliano Aguirre, Alejandro y Federico Leloir, José y Alejandro Peña, Samuel Sáenz Valiente, José M. Areco, Carlos Guerrero y Luis Potet solicitaran al gobierno la designación de un Juez de Paz; cuyo nombramiento recayó, el 5-VIII-1872, en Emiliano Aguirre, que administraba “El Chajá”. Sin embargo el partido continuaría por más de tres décadas, hasta 1907, sin traza urbana (su Juzgado de Paz seguiría ambulando de estancia en estancia según donde residiera el titular del cargo: en “El Tala”, “Mari Huincul”, “El Chajá”, “La Unión de Peña”, “Macedo”, “Loncoy”, “La Felicidad”, “La Merced”.

En 1873 las vías férreas entre Chascomús y Dolores quedaron tendidas.

Entretanto, los pueblos no alcanzados por los rieles se vinculaban regularmente a través de mensajerías: por caso, “La Invariable Vascongada” de Vázquez y Aramburu que cubría el tramo Dolores, Ajó, Tordillo y Tuyú.; o la “Mensajería Pepíh” de José Devincenti cuyas galeras traqueteaban el largo recorrido de Dolores hasta Macedo, pasando por “El Vecino” (Guido), “Kakel”, “Santa Elena”, “Mari Huincul”, “El Chajá” y “Loncoy”.

A un costado de la estancia y laguna de “El Chajá”, se encontraba la esquina o pulpería a cargo en 1879 de José Soaje, negocio que antaño, a partir de 1863, regenteó, en carácter de habilitado, el vasco José Beristayn. En dicho almacén campero, a las veces posta, deteníanse las galeras para mudar caballos y proseguir su itinerario invariable: “Loncoy”, próxima parada de ida hacia “Macedo”.

Pero mi abuelo no viajó a su heredad campesina de ese modo: utilizó las galeras sólo como correo de sus cartas y paquetes. A la estación de Dolores — punta de rieles distantes 15 leguas, cortando campo, de “El Chajá” - acudía a llevarlo una amplia volanta propia de color marrón, cuyo pescante encabezaba al recinto de madera, de dos largas banquetas longitudinales paralelas, flanqueadas por seis ventanas y con su puerta detrás. Tiraban del carruaje cuatro caballos.”
LAS INSTALACIONES EN 1880

En la década de 1880, un conjunto de poblaciones — “las casas” — daban fisonomía peculiar a la estancia chajeña, al amparo del monte circundante: talas, ombúes, sauces, robles — ahora gigantescos después de más de un siglo —, larga calle de membrillos, álamos, acacias, eucaliptos, pinos, entre la innumerable arboleda que, año tras año, se fue plantando desde los tiempos del tío Emiliano.

En un espacio abierto de ese casco, alzábase sólida, de material blanqueado a la cal, la vivienda del patrón (24 varas de largo, 14 de ancho y 3 ¼ de altura), compuesta de siete habitaciones y comedor (gran mesa de caoba y cuatro grabados ingleses de carreras, ya en 1866). Todos los aposentos — menos uno de tablas — con pisos de baldosas y cielos rasos, marcos y contramarcos de madera. Las puertas exteriores se aseguraban con trancas, y con férreas rejas las ventanas, que por su tamaño parecían puertas. Siete columnas de fierro — otrora sin revestimiento — daban sostén, en la galería delantera, a un techo de ripia que cierta noche, en 1895, se prendió fuego, y hubo de ser reemplazado por otro incombustible, de chapas de cinc pintadas de rojo.

Al costado del albergue principal, estaba el rancho destinado a cocina y barraca. Sus pisos eran de adobe, los muros de ladrillos y tres mojinetes sostenían su cubierta pajiza. Más allá, como a media cuadra de distancia, levantábase el fogón de los peones, construido de ladrillos, con techumbre de paja y corredor a un costado. Incluía esa edificio el cuarto para el capataz y la cochera con portón de madera; y, a guisa de suplemento, una amplia ramada.

También en las cercanías, frente a un pozo de balde, otro rancho con muros y pisos de adobe y techo de esparto a dos aguas, servía de albergue a la peonada. (Entre ella el negro Ciríaco, antiguo mazorquero, cuya fábula legendaria de degollador sólo servía de cuco para amenazar a los niños, cuando se portaban mal).

Algo más lejos emplazábase el primitivo galpón, cerrado en sus cabeceras y costados por paredes de ladrillos franceses, con postes de ñandubay, puntales de palmas y tirantes mundays, en los que se apoyaba el techado pajizo. Y no he de olvidar al corral de lanares con lienzos de pino; como tampoco el de encerrar hacienda vacuna, con su transcorral, para el que se utilizó palizada de ñandubay. Lo mismo en el gran palenque de 40 postes de dicha madera incorruptible, cavados en derredor de unos ombúses.


Falta agregar que la morada del patrón y la quinta anexa hallábanse protegidas entonces por una zanja y cerco vivo de cinacina, cuyo perímetro se circunscribió con cuatro hilos metálicos. Habían asimismo dentro del casco, dos potreritos y un alfalfar, recuadrados con alambres sostenidos por postes de ñandubay y de madera de coronilla. Cierto inventario de “la estancia principal” en aquella primera época, entre un cúmulo de utensilios, herramientas, aperos y otros elementos imprescindibles en toda explotación rural, consigna, tomados al azar: una carreta de bueyes y un carro de caballos; un lote de mangas para jagüeles; cuarenta bebederos de madera y cuatro de fierro.

PUESTOS, PUESTEROS Y VECINOS
En 1876, Manuel Aguirre se había presentado al gobierno solicitando permiso para alambrar la totalidad de su estancia.
Quince puestos — dos denominados “San Mateo” y “Cerrillos” — se diseminaban por el campo, con sus rancheríos de quincho y corrales de duraznillos, a cargo de puesteros ovejeros (casi todos vasco-franceses: Giraud, Arbelech, Cabana, Etcheto, Perochena, Estevon, Vincent, Granier, Cortelem, Echague, Marmous, y sólo cuatro criollos: Moyano, Mendoza, Reyes y Gallego); cada uno de ellos responsable de las distintas majadas.


Antaño los campos eran abiertos, señalados únicamente por mojones, y cuando se secaban las lagunas, la hacienda se dispersaba a la redonda leguas y leguas. Un recuento practicado en “El Chajá” hacia 1866, calcula en 2.000 vacunos el ganado disperso. Por eso, de tiempo en tiempo, se pedían apartes en las estancias cercanas: “El Tala” de Anchorena, “Loncoy” de Herrera, “Macedo” de Sáenz Valiente y de Leloir después, “La Loma de Góngora”, “La Laguna de Juancho”, “La Esperanza” de Zubiaurre, “San Simón” de Alzaga, “Mari Huincul” de Ramos Mexía, “La Felicidad” de Bellido y luego de Pita y Serantes.
Se esquilaba una vez al año, al despuntar la primavera. Los vellones, descoles, barrigas, cueros, sebos y demás “frutos”, se remitían en cinco o seis grandes carretas al puerto de Ajó, consignados a Juan Power, quien debía venderlos en Buenos Aires. Los puesteros iban a medias en el negocio de la lana.


Claro que estas ocurrencias y modos de explotación, y aquellas instalaciones fundadoras para darle categoría de gran estancia a “El Chajá”, se fueron quedando atrás, a partir del período que inicia allí mi abuelo Aguirre. En adelante, una nueva dinámica acelera y completa la mestización de la hacienda criolla originaria; se alambra y apotrera el campo con sentido funcional; se instalan molinos, mangas y bañaderos de ovejas; son modernizados los puestos.
Se esquilaba una vez al año, al despuntar la primavera. Los vellones, descoles, barrigas, cueros, sebos y demás “frutos”, se remitían en cinco o seis grandes carretas al puerto de Ajó, consignados a Juan Power, quien debía venderlos en Buenos Aires. Los puesteros iban a medias en el negocio de la lana.



NACE LA CABAÑA EL CHAJÁ
La superficie de la heredad llegará a redondear 11 leguas, mediante la incorporación de parte de “El Lucero” (que fuera del hermano Hortensio y le donara su padre a Manuel) y las posteriores compras a Ramos Mexía y a Cabrera, respectivamente, de “El Espartillar” y “El Retoño”; mientras en los enormes galpones del casco alcanzan su apogeo las cabañas de lanares y de bovinos. (El galpón de los toros fue planeado en 1883 por el arquitecto alemán Otto von Arnim, con puertas corredizas, 12 pesebres y altillo forrajero). Así, a justo título, en la historia de la ganadería argentina, Manuel J. Aguirre figura como uno de los principales criadores de la llamada “época clásica”.


De una carta de mi abuela Enriqueta Lynch a su cuñada Victoria Aguirre, que estaba en Europa, destaco los siguientes párrafos remitidos el 1º-XI-1882, desde “El Chajá”, en la consabida “galera” mensajera: “... San Isidro (la Chacra) debe estar ahora muy lindo, aunque dicen muy seco; por aquí también la hay; así es que te puedes imaginar lo que rezongará tu hermano al cabo del día por la falta de agua. Su entusiasmo por la Cabaña no disminuye; por el contrario, ya no le falta sino llevar su cama al galpón; todo el día se lo pasa allí... ha tomado un pastor alemán, recién llegado, para cuidar las ovejas finas; se entienden casi por señas, y yo creo que si no fuera por miedo que se rieran de él, se pondría a aprender el alemán”.

Respecto a los vacunos de “pedigree”, los primeros ejemplares “shorthorns” importados de Inglaterra con que mi abuelo se inició como cabañero, fueron 4 vacas y un toro “Boom”, comprados en 1882 por su Tata en la cabaña “Killerby”. Sobre este particular, mi abuelo, en la estancia, le escribió exultante a su tío Emiliano, el 7-1-1883: “Recibí su carta del 4 del cte. Siento mucho que los animales que ha mandado mi padre hayan llegado en tan mal estado como me dice. Hágame el favor de mandarlos por aquí para poderlos ver a gusto ... Tata no me dice nada, me manda el Catálogo de la cabaña, pero no me dice los nombres de los animales, ni cuanto han costado; estoy a oscuras. Sin embargo creo que el mejor toro será para mí, por que si, y por que creo estoy llamado a ser uno de los primeros, sino el primer criador de este país. Espero los mande pronto, porque estoy con fiebre por verlos”.

Los toros producidos en “El Chajá” se vendían particularmente. El primer remate público de los Booth de Aguirre se realizó en el patio Bullrich de Buenos Aires, el 24-IX-1891. Se subastaron cinco toros de 2 años.

En 1890 don Manuel había pensado mandar algunos de sus productos a la Exposición de la Sociedad Rural en Palermo, pero se echó atrás. Aunque el lector se sorprenda, en aquella época éste resultaba el itinerario y duración del viaje: Se cargaban los toros en pesadas carretas que lentamente recorrían 7 leguas — calculemos en 7 horas — desde “El Chajá” hasta la estación de Maipú. Ahí, tras largo aguardar, se efectuaba el trasbordo de las nobles bestias al vagón jaula del Ferrocarril del Sur: cuyo tren — “tren carreta”, por cierto — tardaba alrededor de 24 horas en su trayecto hasta la estación de Barracas al Norte. En este punto, tras detenerse un tiempo impreciso, enganchaban la jaula al Ferrocarril de la Ensenada, que partía rumbo al Retiro. Acá, luego de nueva parada, hacía el acople de la rodante armazón al Ferrocarril Pacífico. Este convoy, finalmente, depositaba los toros en Palermo. Todo el procedimiento, entre combinaciones, esperas y mudanzas de líneas para llegar a destino, hubiera durado casi tres días. No valía la pena, pues, acudir a un concurso rural con animales desbastados — por no decir devastados — al cabo de semejante trajín.


TESTIMONIO DEL DESCENDIENTE MARTÍN AGUIRRE, ACTUAL PROPIETARIO DE “EL CHAJÁ”


Mercedes Anchorena de Aguirre falleció antes que su esposo, quien siguió con la explotación. Fallecido Manuel Alejandro, y previa una división entre hermanos, hereda El Chajá Manuel José Aguirre, casado con Enriqueta Lynch Lawson.
Fallecido Manuel José Aguirre se divide la propiedad entre sus hijos, de donde nacen El Granado, Hinojales, Cerrillos. El Chajá le corresponde a Julián José Aguirre Lynch, casado con Adela Ocampo Vedoya.

A Julián José Aguirre Lynch lo heredan en forma indivisa sus hijos Adela Aguirre Ocampo de Rubio y mi padre Julián Aguirre Ocampo, casado con Maria Rosa Madero, mi madre.

Adela y Julián dividen el campo en 1978. A mi padre -Julián Aguirre Ocampo- le corresponde la fracción donde se encuentra el casco.

Fallecido mi padre en 1983, El Chajá fue heredado por su mujer Maria Rosa Madero de Aguirre Ocampo y sus hijos Julián Aguirre, Maria Aguirre y Martín Aguirre (o sea, yo). Mi hermana María falleció en 1998 y la heredaron sus hijos Ana y Fernando Peña.

Por lo expuesto se concluye:

Los actuales dueños de El Chajá, (organizados bajo el nombre de El Chajá S.C.A) descendientes directos de Juan José Anchorena y Mercedes Anchorena, más de 180 años después, somos mi madre Maria Rosa Madero, mi hermano Julián Aguirre, mis sobrinos Ana y Fernando Peña y yo, Martín Aguirre.

Firmado: Martín Aguirre




EL CHAJA SE DIVIDE


ESTANCIA EL GALPÓN


La enorme propiedad de Mercedes Anchorena de Aguirre se divide en tres: El Lucero que le corresponde a Susana Aguirre de Gómez; El Cardal para Rosa Aguirre de Balcarce y El Chajá de Manuel José Aguirre Anchorena, casado con Hortensia Lynch y su hermano Hortensio Aguirre.


Roberto Aguirre Lynch resulta heredero de El Galpón, estancia llamada así por un antiguo galpón que aún hoy presta sus servicios, construido para realizar las esquilas y almacenar las importantísimas cosechas de lana de una majada que llegaba a los 25.000 animales.

Roberto Aguirre Lynch vendió a Gabriel Latuf, y éste a su vez a Brian Smith, que es quien hace construir la casa en 1943, proyectada por los arquitectos Yalour y Fortín, ganadora de un premio por la pureza de su arquitectura colonial.

ENTREVISTA AL HEREDERO DE “EL GALPÓN” CARLOS MORENO VIVOT


El Galpón es un derivado del El Chajá que a su vez es derivado de El Tala. Abarcaba todo el cuartel III. Cuando Mercedes Anchorena se casa con Manuel Alejandro Aguirre, tuvieron dos hijas mujeres y un varón.

A Victoria, la hija soltera quien dedicó su vida a la caridad, fundadora de hospicios, le tocó la parte norte – El Cardal.

Rosa Aguirre, tomó el campo llamado El Lucero.

Manuel José Aguirre se queda con lo que se dio en llamar El Chajá Chico, (señala toda la parte oeste de norte a sur) que eran unas 14.000 Ha. El casco quedaba exactamente en la esquina, la estancia no era muy operativa con criterios de hoy día, porque estaba muy trasmano. Desde el casco de El Chajá hasta el puesto de El Galpón, había que recorrer una gran distancia.

Dicen los parientes que el casco estaba ubicado lo más cerca posible de Buenos Aires, y quizá así fue, ya que está a orillas del camino a Maipú.

El nombre de El Chajá se le debe a un cocinero mestizo con indio que tenía su rancho muy cerca del casco. Era un hombre ya mayor, que cada vez que tenía que llamar a almorzar, salía dando gritos imitando al chajá. A él le pusieron Chajá y a la estancia le dio su nombre. El casco, construido en 1886, es propiedad de Martín Aguirre y se conserva muy bien.

Manuel José Aguirre pintaba, era escultor, y se casó con Enriqueta Lynch. De allí la descendencia Aguirre Lynch, que son doce hijos. Siete varones, a quienes les dejó el campo. Una de sus hijas, María Eugenia Aguirre Lynch, es mi bisabuela casada con Carlos Ibarguren.

Manuel José Aguirre decidió repartir el campo en vida, dividiéndolo en siete estancias para sus siete hijos varones. Las mujeres no recibieron campo porque les legó propiedades en Buenos Aires. Más adelante compró a su hija Adriana El Espartillar en Maipú, quien lo vendió a su hermana mayor Mercedes. Mercedes Aguirre tuvo dos hijas, Susana y Marta Agote, primas hermanas de mi abuelo, quienes murieron en este siglo con más de noventa años de edad.

Manuel José Aguirre le compra a mi bisabuela M. Eugenia – otra de sus hijas mujeres que no habían heredado campo - El Retoño (Aguma SA en el plano) al que llaman así porque, entre la línea lindera del Chajá y la de ese campo formaban como si fuese un retoño de árbol.

Fue lo último que hizo en su vida, porque al regreso a su casa en Buenos Aires luego de firmar la escritura, abrió la puerta de calle para entrar, y se murió de un infarto.

Del Caja Chico derivan las siete estancias más conocidas en el partido que son: El Chajá (de Julián Aguirre), El Granado (de “Paco” Aguirre a quien llegué a conocer), Hinojales de (Hortensio Aguirre), El Galpón (de Roberto Aguirre), San Mateo (de Agustín Aguirre) La Verde (de Manuel Aguirre) y Cerrillos (de Rafael Aguirre, a quien también conocí).

Hoy es San Mateo, que pertenece a Enrique Pinedo, la única que conserva la superficie que tuviera -2524 ha.- en la sucesión de Manuel José Aguirre.

Cerrillos, que hoy es de Rosario Peralta Ramos, se mantiene bastante parecido pero ya en vida de Rafael Aguirre se vendió una fracción.

La Verde, que tenía más o menos la misma cantidad de hectáreas que hoy tiene San Mateo, le tocó a uno de los más jóvenes de los Aguirre: Manuel, quien murió al poco tiempo de tuberculosis, por lo que su propiedad nunca llegó a tener su casco propio. Quedó como pedazo de campo.

El Galpón abarcaba lo que hoy se conoce como El Carmen, más El Galpón de hoy, más El Pañuelo o San Miguel, eran 2500 ha. a ambos lados de la ruta.

Le tocó a mi tío Roberto Aguirre, quien modificó un puesto que había allí, junto a un galpón de esquila. Ese galpón es de los de antes, paredes de más de medio metro de ancho, columnas de pino tea dura, piso de machimbre de una pulgada lo que determinó que bastante maltratado, pero aún está. Al lado había un bañadero del que aún queda un vestigio. Él modificó ese puesto, dejó una parte para encargado, y acomodó el resto para alojarse con su mujer y sus hijos. En mis primeros años de casado yo también viví allí con mi mujer y mis hijos.


Tío Roberto sufre un revés económico y se ve forzado a vender el campo, que compra la sucesión de su madre porque no desean que salga de la familia.

De allí surgen: San Miguel comprado por Helena Aguirre de Villegas- Las Blancas- que hoy es de mi querido amigo Daniel Santos.

El Carmen, comprado por Adriana Aguirre de Huergo.

El Galpón adquirido por Gabriel y Antonio Latuf, quienes lo venden a un inglés, Brian Lyle Smith, que fue el que construyó la casa, el casco principal en 1943. Es el que figura en el plano a nombre de Adela Ibarguren.

Siempre se dijo de Smith era espía, que venía a hacer contraespionaje. Algo de eso habría, ya que él compró a principio de la guerra y se lo vendió a mi abuelo en el 49, después de la guerra. Cuando Roberto cambió el techo, al sacar el cielorraso viejo quedaba todavía un pedacito de cable escondido en el entretecho.

El inglés decidió vender, entonces mi tío Hortensio Aguirre, dueño de Hinojales, le pasa el dato a mi abuelo, Federico Ibarguren, hijo de Carlos. Entonces mi abuelo vendió un tambo que tenía en La Plata para comprar El Galpón, más por razones sentimentales que por lo que el campo era en sí.

La Verde, cuando muerió mi tío tan joven, ya había sido bastante loteado. Marta y Susana Agote vendieron una parte que su madre tenía allí, de la que compró una parte mi abuelo, y otra parte Don Rudecindo Acosta. Otro pedazo había quedado en manos de la familia, recuerdo esto porque debió ser por el año 74 más o menos. Un lote se vendió a Tomás Elorriaga, éste a su vez a Gustavo Lambertini, El Galpón hoy es parte de lo que fue la Estancia original y gran parte de lo que fue La Verde.

O sea que mi familia materna, desde el año 1949 está con El Galpón. Mi abuelo tuvo dos hijas: Mi tía Adela Ibarguren y mi mamá, Josefina. Por eso es que yo, desde mi nacimiento, estoy en El Galpón

El Retoño tenía una casa muy linda que hizo mi bisabuela, donde había un olmo que no se podía abarcar con los brazos. Mi abuelo siempre contaba que lo plantaron con su mamá cuando él cuando tenía 8 años.


Vine a Madariaga en julio del 89 hacerme cargo de la empresa rural. El campo estaba en una situación económica muy delicada. La casa estaba muy descuidada.

Don Osvaldo Esperón, quien fue muchos años encargado de El Lucero, comentó: “a Carlos le dieron este campo para que luche...” Bueno, salimos adelante.

La casa de la estancia, construida por el inglés Smith es bella y nostálgica, estilo colonial, de plácido aspecto con un tala centenario que da una gran sombra.

“Mi abuelo, que murió en 1999 con 92 años, ponía su silla en este corredor” dice con cariño. Muestra un cuadro de la casa pintado por Cecilia, su esposa.

Al llegar él y su familia la casa había estado cerrada durante 7 años. Para reciclarla se debieron cambiar todos los caños y cables, todo el sistema era peligroso o perdía. Hoy aún falta la pintura, que en gran parte ha desaparecido por el trabajo sobre las paredes, el techo y el piso.

En el patio hay un precioso aljibe con su brocal de dos columnas cuadradas de mampostería. Tiene un balde muy interesante, de cobre. Me explica Carlos que no pertenece a ese aljibe que hizo el inglés, sino a otro de mármol que había en el patio trasero de la casa de Francisco P. Moreno, quien era hermano de su bisabuelo.

“Mi papá, a quien le gustaba ese balde, se lo trajo y lo colgó en este aljibe. Funciona, pero el agua hoy en día sólo se usa para regar.”

Sobre la cornisa veo un pequeño campanario. Allí, resguardada con amor, una campana que ya ha acumulado su historia.

“Esta campana – explica Carlos – la puso el inglés para llamar a su encargado, que vivía en la otra casa. Cuando éramos chicos, con mis primos y hermanos sabíamos que al oír la campana teníamos que venir, que se nos buscaba sea para almorzar o por cualquier otro motivo, era un imperativo.”

Hay un lindo espacio en el parque, que ha sido acomodado por la familia para gozar del paisaje y tomar mate por las tardes, Tiene vista a la laguna El Galpón. Desde el aire, la laguna tiene la forma de una perfecta “U”. Se accede a ella desde este mirador. Los chicos tienen un bote para navegarla.


A las dos de la tarde el sol da de pleno sobre las ventanas de ese lado. Recuerda Carlos que el dormitorio y baño que dan a la laguna, los más luminosos de la casa, eran los de sus abuelos.

“Lo divertido que tiene este baño es la bañadera. Es un pozo azulejado en el piso que hizo el inglés. Él era muy amigo del dueño de El Cardal, don Tito Balcarce, quien contaba que una vez en un día helado de invierno, vino a visitar a su amigo luego del mediodía. Llamó y una voz de lejos le decía que pasara. Se fue guiando y lo encuentró al inglés en esa bañera, con el agua caliente hasta el cuello. Estaba muerto de frío, de modo que, al no saber cómo calefaccionarse, se había metido a leer el diario”.

Al puesto viejo, la construcción original, se le ha cambiado el techo. Reluce la chapa nueva en lo que fuera la vivienda del tío Roberto Aguirre.

Carlos cuenta que en este puesto vivió él un año de soltero y seis de casado. Allí fueron naciendo los primeros hijos, cuando la propiedad le fue destinada para trabajarla. Esta casa está dividida en dos. La parte de atrás donde vive el encargado, también ha sido reciclada.

El alero del frente estuvo sostenido por gruesas columnas de pinotea, que se pudrieron en la base, pero hoy han pasado a ser una bella mesa para comer asado “de la mejor madera con unas vetas espectaculares” dice Carlos.

Cuando se cambió el techo de la casa de Roberto Aguirre, al retirar el cielorraso de machimbre, encontraron- perfectamente cosidas a los tirantes- una especie de cortinas de junco de la laguna que tenían 90 años allí. Seguramente fueron colocadas para aislamiento, tanto del frío como del calor.

A cada paso observo la conservación y el amor por las tradiciones, el orgullo de un pasado de luchas rurales, la herencia como antorcha y testimonio, que esta familia ha logrado mantener intacta o reunirla cuando por alguna razón se desmembraba.

Hoy Carlos Moreno Vivot, Ingeniero Agrónomo, se ha ubicado en ese ancestral puesto de lucha y está logrando con éxito devolver a El Galpón su actividad productiva. Tiene un escritorio de administraciones rurales en pleno centro de Madariaga, es una persona conocida y amigable. Su familia se ha integrado a la sociedad lugareña, los niños concurren a una escuela de Madariaga y su esposa Cecilia se encuentra pintando la estancia para el proyecto del Centenario.


Raíces, pero también alas.



1894 – EL LUCERO SEDE DE AUTORIDADES


En 1894, a solicitud del Concejo Deliberante, Manuel J. Aguirre destinó a la Corporación Municipal una especie de islote rodeado de cañadones y caudalosos arroyos en el campo llamado El Lucero, dentro de su estancia El Chajá. Allí no se criaba ganado, ya que su acceso era muy difícil. Para llegar a lo que se dio en llamar “confinamiento” había que pasar a nado. Era intendente Nicolás Herrera de la estancia Loncoy y Emilio Herrera de la estancia San José era Juez de Paz. Pero habían delegado sus autoridades en sus secretarios: Diego Bracamonte, que además era Valuador y Pedro Moisá, que además era Jefe del Registro Civil, pues entonces no había escribano el El Tuyú.


Tan desfavorable era la ubicación, que se desterraba allí en castigo a los comisarios caídos en desgracia. Pasaron por ese purgatorio Vicente García, Juan M. Barros, José M. Montenegro, Teodoro Tisnés, Luis Aldáz, José Rodríguez, Herculano Benavides. Los policías debían llegar y salir de recorrida a nado y vadeando, con lo que éstas se espaciaban lo más posible, por lo que se produjo un crecimiento de la delincuencia.

Se hacía vida de campamento. En los ranchos mejorcitos vivían los empleados superiores con su mujer y en los galpones y oficinas el resto de los empleados. Con el correr de los años las necesidades empezaron a ser atendidas lentamente. Al conseguirse la Oficina de Telégrafo, el aislamiento ya no fue tan grande. Se habilitó una escuela a cargo de Hipólito Cemborain, Pedro Barbieri abrió una pequeña casa de comercio en el campo y Andrés Dorrego puso un boliche.

Los vecinos tenían muchísimos inconvenientes para llegar hasta allí a hacer sus trámites, casarse, anotar a sus hijos, obtener certificados y documentos, la mayoría de las veces sin medios para cruzar el agua. Esto trajo una mayor dependencia del patrón, en cuyas manos debían dejar prácticamente su vida.

ESTANCIA EL CARMEN


El instinto empresario surgió en muchos de los nuevos propietarios de las numerosas subdivisiones en que han devenido los latifundios. Muchos de ellos cambiaron la explotación, adaptando sus tierras a los nuevos tiempos. Así se han ido transformando en granjas productivas, competentes para abastecer a los grupos urbanos en las ciudades y playas de la Costa Atlántica. También han abierto sus tranqueras al turismo, con productos modernos muy buscados en el país.


El Carmen fue un descuidado monte que había al fondo de El Chajá, heredado por Adriana Aguirre Anchorena de Huergo y su esposo. Ambos embellecieron este campo, dándole su nombre, su actividad, su auge. A su muerte El Carmen fue legado a su sobrino Enrique M. Ibarguren Aguirre. Su hijo Juan y su mujer Cecilia Lozada vivieron allí y tuvieron un emprendimiento turístico, en la conciencia de estar habitando en tierras de sus antepasados. Fue un apiario de renombre, se vendió la mejor miel, se fabricaron excelentes alfajores.

El Carmen es un campo mixto, dedicado a la agricultura, ganadería y apicultura. Las tierras aptas son los albardones, característicos de la zona y muy fértiles, donde se logran cosechas de altos rendimientos en trigo, maíz y girasol. En ganadería se crían con preferencia Shorton y Hereford.

Hoy la estancia El Carmen ha sido adjudicada por herencia a Matilde Ibarguren, quien nos manifiesta su felicidad por la posesión de estas tierras cargadas de la historia familiar.


ESTANCIA SAN MATEO DE PINEDO


Perteneció a El Tala, luego fue parte de El Chajá


En 1937 fue adquirida por Federico Pinedo.


Su actual propietario es el doctor Enrique Pinedo.


Estas tierras provienen de la estancia originaria El Tala de Anchorena, que se dividió en dos por sucesión: El Tala para Nicolás y Juan Anchorena y El Chajá para Mercedes Anchorena de Aguirre.

Hay datos de una casa de negocios instalada en el campo El Chaja, y posteriormente de una sucursal San Mateo ubicada en la zona conocida como Lomas de Machado.

San Mateo perteneció a la Estancia “El Chajá”: nueve leguas en una esquina del campo, llamada Estancia “Nueva” propiedad de Don Manuel Aguirre. Al morir, deja una legua de campo (19.090 has.) a cada uno de sus nueve hijos. Lo que hoy es “San Mateo” le correspondió a Agustín Aguirre Linch, quien murió joven. Federico Pinedo compró el campo en 1937. La familia Pinedo cumple en este año del Centenario, 80 años en San Mateo.


El Señor Aguirre estaba casado con María Luisa Estrada, quien, al quedar viuda, se casó con Ricardo Bracht, que había estado casado con una hermana de Federico Pinedo, así que por casualidad la Estancia volvió a tener una vinculación familiar.

El Sr. Bracht, cuando se casó con María Luisa, le pidió a Pinedo la casa para pasar su segunda Luna de Miel y Pinedo se vio obligado a decirle que no, porque era el lugar donde había vivido con su anterior esposa,o sea su hermana.

El campo está compuesto por 2500 has., dedicadas a la cría de ganado. Desde 1998 se destinan anualmente 400 a la agricultura.


El parque del casco fue diseñado por un paisajista francés que vino con Charles Thays. Se nota en las avenidas de árboles. Enrique Pinedo fue compañero de Colegio de Carlos Thays nieto, quien era paisajista como su abuelo. Hay un monte de 22 has., más 5 has. en un potrerito que contiene algunas plantas importantes, las demás son de relleno, cuenta Male.

Entre las plantas más antiguas se hallan: el Alcanfor de 100 años, Cedro del Líbano, Roble, Araucaria, Vinca o Pervinca. El monte de Acacias Blancas fue talado hace 20 años para renovar y de paso sacar los postes para los alambrados.

Antiguamente el Parque era cuidado por tres personas, actualmente sólo uno es el encargado de las 20 has. Está dividido en sectores, como el Jardín de flores, que cuidaba la madre del señor Pinedo. Ella iba a las seis de las mañana a cortar las flores frescas para armar cuarenta floreros que distribuía en la casa.

Dentro del campo se encuentra la bellísima Laguna San Mateo, que le da el nombre a la estancia. Estuvo cercada con alambre tejido donde se criaban 700 nutrias. Hoy ya no funciona el criadero, ya que la moda femenina ha descartado las pieles naturales. En cambio bella la laguna es el placer y la diversión para los nietos de Enrique Pinedo y los turistas que visitan la estancia en verano.


El mobiliario rural y elegante, sencillo y de buen gusto, se mezcla con platos de Talavera del SXVII, alguno de plata antigua, y retratos familiares. Cada ambiente tiene su hogar de leña, y el sitio preferencial para la lectura con biblioteca y luz apropiada. Enrique Pinedo, miembro de la Academia Argentina de Historia, es autor de varios libros que muestran su erudición de investigador. Su esposa, Sofía Laferrere de Pinedo, ha dedicado sus afanes al libro histórico de gran interés para el alumno de nivel secundario, relatos agradables, de fácil lectura y orientación didáctica para el docente, uno de los cuales me obsequia gentilmente.


Magdalena Pinedo de Aldao –hija de ambos- nos recibe con sencilla cordialidad. A su alrededor corretean sus hijos. Ellos viven en el campo familiar. Recorremos la laguna San Mateo, enorme, ricamente poblada de especies animales y vegetales.

El campo tiene 2500 Has., dedicadas a la cría de ganado. Desde 1998, 400 se destinan a la agricultura.

Una amplia gama de especies exóticas forman fila india en las avenidas verdes: Eucaliptus australianos, fresnos, robles, cedros azules y del Líbano, araucarias misioneras y nogales americanos. Esas calles distinguen el diseño del parque trazado sobre la base de acacias blancas, cercadas por talas y espinillos, dos representantes de la flora autóctona.

Tiene un Laberinto con canteros rodeados de boj de 100 años, entremezcladas con agapantos y amarilis que dan el toque de color y los Acer Negundus, plantas frágiles que en verano no dejan pasar el sol. Pasan leves picaflores, churrinches como reflejos de fuego, tijeretas luciendo sus largas colas partidas, enormes palomas.

Una larga mesa nos espera bajo los árboles. Compartimos el almuerzo con los dueños de casa en animada conversación. Disfrutamos con mi familia la simple y a la vez refinada hospitalidad que nuestros anfitriones nos ofrecen mientras el ocaso va cambiando los colores y anuncia el momento de partir.


El casco, construido en 1902, está cumpliendo, en 1907- centenario de la fundación de la cabeza de partido- 105 años. En 1914 se edificó la actual casa, cuyos materiales fueron traídos de Europa. Se ha respetado su antigua estructura, realizando sólo las modificaciones que el confort exige, ya que fue proyectada para una familia sin hijos.

Una recorrida por el interior de la casa nos revela sus tesoros:


Sobre la chimenea hay una Colección de Platos de Talavera, España, del Siglo XVII, que ellos solitos juntan 300 años.

Otro plato interesante es el Plato del Cardenal, que representa el capello y las borlas cardenalicias con el escudo y las llaves, que simbolizan la entrada al Reino de Dios.

Sobre los estantes encontramos cerámicas alemanas, cajas florentinas, trofeos de golf y tenis de la mamá del señor Pinedo, cuyo recuerdo aflora con amor en cada detalle mostrado por el propietario.

Al hojear los libros de la biblioteca familiar nos damos cuenta que la historia de la familia no proviene del campo. Los Pinedo son abogados desde siempre. El Estudio de Abogados de Enrique Pinedo, fundado en año 1843, por el bisabuelo de Federico Pinedo tiene más de 155 años (todos menos Enrique se llamaron Federico).

Entre los volúmenes de Literatura Clásica Latina, Clásicos Españoles, Colecciones de Historia, biografías de personajes, están los que ha escrito Enrique Pinedo. Nos llama la atención una curiosa abreviación realizada por este minucioso autor, de la Colección de Códigos Españoles de 18.000 páginas titulado “Compendio de Legislación Española Antigua” en un libro de 200 páginas.


ESTANCIA "EL CARDAL" DE MANUEL GONZÀLEZ BALCARCE



Según nos cuenta Carlos Moreno Vivot, El Cardal se conformó con parte de la testamentería de Victoria Aguirre y el total de Rosa Aguirre de Balcarce. El heredero de madre y tía fue Manuel González Balcarce, lo que conformó una estancia muy grande hasta dividirse entre los cinco hijos de Don Manuel González Balcarce: Marcos, Manuel, Luís, Adela González Balcarce de Peralta Ramos y Magdalena González Balcarce de Dodero.



Previamente el Sr. Federico Peralta Ramos había comprado una fracción de Las Mostazas, adyacente al El Cardal, la cual anexó a la parte de El Cardal de su esposa Adela G. Balcarce.










martes, 17 de agosto de 2010

ESTANCIAS DE LOS MONTES GRANDES SUCESIÒN ÁLZAGA-GUERRERO

ESTANCIA EL ROSARIO
HEREDADA POR ANTONIA GUERRERO DE ALBARELLOS EN 1897


VENDIDA A SU HERMANO MANUEL GUERRERO.

HEREDADA POR SU HIJA VALERIA GUERRERO y CÁRDENAS

Cuenta Valeria Guerrero de Russo en su libro “Surge Pinamar”, que en 1970 llegaron a El Talar unos empleados de una compañía americana a avisarles que tenían orden del gobierno argentino de hacer sondeos en la Laguna del Rosario para saber si había yacimientos de petróleo. Luego de las exploraciones les comunicaron que no se había encontrado nada, pero las detonaciones realizadas mataron todos los pejerreyes - unos matungos de tres y cuatro kilos - que había allí en cantidad. Ellos habían sembrado años atrás alevinos adquiridos en Piscicultura de Chascomús, de los cuales no quedó ninguno. En el momento de escribir el libro – 1978 - se aprestaban Valeria y su esposo a resembrar nuevamente la laguna.



LA LEYENDA QUE LE DA EL NOMBRE A LA ESTANCIA

Por Cuero Crudo, el Narrador del Tuyú

Cuenta la tradición que, allá por 1820, se mandaron a construir algunos fortines en esta zona con el objeto de retirar las tribus nómades hacia el sur del país, ya que sus límites estaban allí nomás, donde hoy está la ciudad de General Pirán, en zona llamada "Arbolito". Hasta esta región llegaron carretas con enormes cargas de ladrillos, a tiro de buey, desde Chascomús.

Se levantaron tres fortines: Juancho Viejo, Invernadas y se cree que un tercero llamado La Porteña. Una vez finalizadas las construcciones, el gobierno le dio al General Alzaga la misión de poblar la zona y dispersar a la indiada merodeadora, la que, como se sabe, no habitaba esta zona de montes de talas y coronillos. Por temor a ser sorprendidos, los Pampas llegaban, atacaban en malón, se llevaban hacienda, mujeres, niños y víveres y desaparecían por un tiempo.

Contaba Don Serafín Goñi que a Invernadas trajeron a poblar a un tal Ramón San Millán - soldado del famoso "Manco Paz" - con toda su familia: su esposa, Doña Eufrasia López, dos hijas casaderas y varios hijos ya mayores. El padre de Don Serafín le arrimó, por orden del general Alzaga, una majada y tres lecheras. Las hijas se casaron con gauchos de la zona acrecentándose la población.

En 1828 sufrieron la primera embestida de un malón al que, con gran valor, pudieron rechazar don Ramón y familia.

En 1830 la indiada del cacique Arbolito arrasó con los fortines de Invernadas y Juancho Viejo. Asesinaron a don Ramón y a uno de sus hijos. El resto de la familia se refugió monte adentro. Poco después fueron ultimados por las lanzas de un grupo que se internó entre los espinosos matorrales, salvándose sólo una de las chicas. La familia, que había huido con un cofre de cuero con piezas de plata y oro, producto de tantos años de duro trabajo montaraz, alcanzó a ocultarlo al pie de un tala al que habían marcado colgándole un rosario en una de sus ramas bajas.

La joven fugitiva, en medio de su tremenda aflicción, le contó al padre Castañeda este hecho y el cura - el mismo que, como su amigo, presenciara la ejecución de Dorrego - mandó una partida a buscar el tesoro escondido . Nunca se pudo hallar. Según se dice, una jovencita del lugar encontró el rosario y se lo llevó a su madre, pero no recordó dónde estaba colgado. Mucho se ha buscado y aún hoy hay quienes piensan que la laguna "El Rosario" - propiedad de la familia Guerrero, heredera de Alzaga - esconde un tesoro, maldito por la sangre derramada que traerá penas a quien lo encuentre.

Se comenta en fogones y cocinas, que un afortunado joven contemporáneo de General Madariaga, de apellido Islas, un día encontró el tesoro... No sé...se dice.
                                                                   ......O0O.......

CHARLES Y DOS MONTES
LA HERENCIA DE HÈCTOR MANUEL GUERRERO
ESTANCIA CHARLES
LAS PLANTACIONES FRUTALES

Héctor Manuel Guerrero concentró todas las actividades en esta estancia; incluso fue el lugar donde nació la forestación de Cariló.

Charles fue famoso por sus enormes plantaciones de manzanas y otros frutales, dotadas de los mayores adelantos técnicos conocidos en la época. Tenía máquinas puverizadoras para fumigar y un moderno galpón de empaque con cintas transportadoras y selección mecánica. Los obreros usaban uniforme y gorras vascas.


El polaco Carlos Sevlosky estaba a cargo del manzanar. Él y su esposa Amanda Coronel, según cuenta Teresa Guerrero, trabajaron toda su vida en Charles, allí se conocieron y Héctor Guerrero los nombra en su testamento.

Los cajones de embalaje llevaban una etiqueta con una manzana con la marca Charles (Una C que contenía una G más pequeña en su interior) ESTANCIA CHARLES – HECTOR M. GUERRERO – Juancho FCS

FRUTA PARA EL FERROCARRIL

Los cajones se transportaban apilados en chatas tiradas por 4 caballos hasta los galpones del ferrocarril en Juancho , de allí a la capital y por barco a Europa.


Charles llegó a producir un millón de kilos anuales y a solventar la plantación de los médanos de Cariló. También se producían membrillos, por lo que se instaló una fábrica de ese dulce.



La madera blanda para los embalajes salía de la propia producción.En Dos Montes, cerca de los médanos, Guerrero tenía una plantación de álamos y sauces en los bajos y bañados. Estos árboles se metían en el arenal y proporcionaban abundante madera para cajones.

En Charles trabajaban de 80 a 150 personas. La estancia se autoabastecía de su quinta, huerta, tambo y ganado. Tenía además almacén, escuela y apiario.

LA ANTIGUA PROVEEDURÌA

La producción de miel estaba a cargo de Pablo Stephan. Los envases tenían una etiqueta que decía MIEL DE ABEJA – GUERRERO HNOS. - Industria Argentina – ESTANCIA “CHARLES” – Juancho – FCNGR – y estaba ilustrada por un caballero medieval montado a galope tendido, con yelmo y ariete, quizá en alusión al apellido Guerrero.

CABAÑA CHARLES DE GUERRERO

TOROS

La Cabaña fue iniciada por Carlos F. Guerrero – hermano de Felicitas y padre de Héctor Manuel – quien trajo al país el primer toro Aberdeen Angus.

Me escribe Carlos Guerrero, propietario actual de Charles:   "También fue Carlos Francisco Guerrero el primer introductor de la raza Charoláis proveniente de Francia. Tengo en mi poder documentación para comprobarlo.

La Cabaña Charles, iniciada por él y su hijo Héctor Manuel, siendo la cuarta generación ligada al Aberdeen Angus. Soy sincero admirador de todas las cosas que ha hecho en el transcurso de su vida, tanto empresarial como política, su forma de pensar y de trabajar".

Heredada por su hijo Carlos (Charles), estuvo mucho tiempo en Juancho y luego fue trasladada a Coronel Villegas. Su hijo fue durante muchos años presidente de la Asociación Argentina de Aberdeen Angus.

Junto a la cabaña de toros inició Carlos Guerrero las de yeguarizos y lanares que sus descendientes continuaron, formando razas muy premiadas año tras año en las exposiciones.

LANARES

Los primeros borregos, de la raza Romney Marsh, fueron traídos de Escocia y con ellos llegó con sólo 15 años, Mumford, el escocés de cerrado acento que se ocupó de mejorar la raza durante años. Existen documentos que prueban la excelencia de las razas premiadas año tras año.

Héctor Guerrero inventó varios aparatos mecánicos para la explotación lanar por los que obtuvo el primer premio en la Exposición Rural compitiendo con sistemas extranjeros.

YEGUARIZOS


Carlos F. comenzó criando caballos de guerra para el ejército. De una manera inteligente y acertada, fue cruzando sangres y razas para lograr el caballo con las condiciones acertadas para cada trabajo: para artillería conseguía un caballo corpulento, para silla uno más estilizado. Con el tiempo esta raza, vendida en el país y en el exterior fue muy conocida con el nombre de “raza Guerrero o Charlera”.

Usó madres criollas y algunas cuarteronas para cruzar un valioso caballo árabe de circo o con el semental Morgan Lyon importado por Casares. El resultado fue una nueva raza, regeneradora, de lindas formas con una viveza superior al de pura sangre, perfecto para silla y resistente para la guerra, conservando la rusticidad del criollo.





DOS MONTES Y CARILÒ
CAMPAMENTO DE GUERRERO EN CARILÒ
En 1918 comenzó Héctor M .Guerrero, el proyecto de forestar los médanos. Primeramente arrancó desde tierra firme y luego fue haciendo una senda forestada, lo que es hoy la avenida Constancia, hasta llegar a orillas del mar, trabajo que le llevo casi 10 años. Saralegui, un viejo capataz de Héctor Manuel Guerrero, le contaba a Valeria Guerrero – prima de don Héctor, autora de una historia familiar - que la fijación de médanos, iniciada en Dos Montes, tardó doce años en llegar al mar. Cuando la explotación del manzanar se hizo antieconómica, se talaron los frutales, pero el monte de madera blanda de Dos Montes atravesó el cangrejal. Este atrevimiento vegetal terminó de persuadir a Héctor M. que debía fijar los médanos, buscando las especies que mejor sobreviviesen en la arena.

LA CASITA DE BUCHARSKY

Experimentó diferentes técnicas y probó con distintas variedades de plantas, pastos, y cañas, entre ellas un pasto importado de África que resultó muy positivo en la arena.

Con esta experiencia, avanzaron a ambos lados, primero al sur, luego al norte, plantando 500.000 ejemplares al año hasta que…llegaron al mar!

Diseñó un parque con la mayor cantidad de variedades posible, que pudiesen habitar los pájaros y las personas.

En 1918 pareció la idea de un loco. Las pocas personas que se forestaban lo hacían en tierra, nunca en arenas, expuestas a vientos y plagas. Compró plantas en diferentes lugares del país y del mundo, que llegaban por ferrocarril a la Estación Juancho, de allí al vivero y de allí a los médanos. Viajaban con sus panes de tierra a través de los montes y lagunas en unos carretones o chatas tirados casi siempre por siete caballos, con ruedas de madera.

Un ruso de nombre Igor Bucharsky instalado con su familia, fue quien lo ayudó a ganarle al desierto, a las hormigas, a la sequía, al médano viajero. El sauce y álamo que fueran cajón, comenzaron a trabajar de quinchados para retener el ansia de libertad de la arena. El viento hacía entonces el trabajo de elevar el nivel donde se deseaba más arena.


Igor era quien trabajaba con las chatas. Ordeñaba a la mañana y su esposa hacía el desayuno.

Recién en el año 1940 comenzó a tener idea de lo que había logrado, porque lo transmite en esta carta enviada a sus hijos que habían viajado por trabajo al exterior:

...” Plantaciones de los Médanos: Aunque estaba en el programa de VDS, estudiar este asunto un poco de paso, creo que tendrán que arreglárselas como para tener tiempo de hacer un estudio bien a fondo del asunto. Este problema es de gran importancia para mí y le estoy prestando cada vez más atención. El asunto plantación de los médanos va tomando cada día más importancia y espero que con la ayuda de Uds. pueda realizar lo que yo creo será “La obra de mi vida” ello siempre que el consabido Señor del cielo no se oponga”.


En 1941 Héctor Guerrero contrató al arquitecto Santiago Sánchez Elía para proyectar un loteo residencial. Luego de tres años de trabajo de su equipo, propuso una subdivisión en lotes grandes sin medianeras y calles que seguían el contorno de los terrenos, para lograr una baja densidad de población y alta calidad urbanística, con absoluto respeto por el bosque que se estaba logrando.

Su obra fue continuada por Héctor Eduardo Guerrero (Johnny), quien, secundado por sus hijos y hermanos, forestó los “limpiones” y llevó adelante la obra inmobiliaria de ese Cariló deslumbrante que hoy es prestigioso centro turístico.

Trabajo, cariño y esfuerzo que nos permite disfrutar hoy de ese bosque y mar en armonía con el hombre. Tal como sucedió con los animales de raza, el manzanar, las conservas y la miel, Cariló es un producto de calidad, cuidadosamente controlado y seguido en cada detalle por varias generaciones de la familia Guerrero.

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ESTANCIA JUANCHO VIEJO
A LA MUERTE DE LUIS GUERERO HEREDA SU ESPOSA ADELA PÉREZ DEL CERRO -  LEGADO A LOS SOBRINOS DE ÉSTA: JOSÉ MANUEL Y JORGE DÍAZ HERRERA, QUIENES VENDEN A PICARDO Y BIDOU - ACTUAL PROPIETARIO EDUARDO LOUGE





Es uno de los establecimientos de campo más antiguos del Partido del Tuyú. Juancho Viejo tiene origen en la adjudicación de 33 leguas tierras al general Félix de Alzaga en 1835. Su hijo Martín de Alzaga mandó a construir un importante casco que aún se encuentra en perfectas condiciones. Los rodeos de Juancho viejo, eran famosos en tiempo de marcación y señalamiento por la enorme cantidad de animales. Pero el gobierno, para cumplir sus pactos con los indios, sacaba a los hacendados dos tropas de 200 cabezas de vacunos y yeguarizos por mes, lo que ocasionaba una gran merma.



Ya hemos hablado del matrimonio de Alzaga con Felicitas Guerrero y del fallecimiento de ambos.


En 1873 Carlos Francisco Guerrero de 25 años - hermano de Felicitas –administraba la estancia Laguna de Juancho en vida de sus padres y por su encargo. Dice en su libro “Publicaciones prácticas de ganadería”:


“Tanto gobiernos como revolucionarios disponían a su antojo de los mejores caballos, tal fue caso en la revolución de 1874: de la estancia “Laguna de Juancho”, que yo administraba, sacaron los revolucionarios 1500 caballos de la acreditada cría de los Montes Grandes, propiedad entonces de mi señor padre. La yeguada criolla conocida como “de los Montes Grandes” se situaba en los partidos del Tuyú y parte de Ajó, debido a la excelente calidad de sus campos, a sus pastos suculentos y al abrigo de sus montes naturales. Eran sin duda los mejores caballos de toda América, grandes, corpulentos, resistentes y briosos. En el año 1873 empecé en la estancia “Laguna de Juancho a mejorar el caballo criollo, eligiendo lo mejor entre 12000 yeguas de la cría que dejó Martín de Alzaga”.



Hoy gran parte de Juancho Viejo se encuentra aún en manos de los descendientes de los hermanos de Felicitas Guerrero.


Luego del fallecimiento de sus padres, el casco y Laguna de Juancho fuen heredado por Luís Guerrero, con 6871 has. de campo.


Estaba casado con María Lavalleja, hija del famoso general uruguayo Juan Antonio de Lavalleja, integrante de la expedición de los Treinta y Tres Orientales. Tuvieron una hija, Cristina Guerrero y Lavalleja. A la muerte de su madre, Cristina heredó la mitad de la tierra. El padre quedó con el casco y el resto de la estancia.


En 1907, al fundarse la cabeza de partido, Juancho estaba arrendado a Federico Martínez de Hoz.


Luís Guerrero volvió a casarse más adelante con Adela Pérez del Cerro, pero falleció el flamante esposo a los tres días de la boda. Su viuda heredó Juancho que a su muerte quedó en manos de su hermana Elisa Pérez del Cerro de Dihel. Lo administraban Jorge y Ricardo Díaz Herrera, hijos de otra hermana, Manuela Pérez del Cerro de Díaz Herrera. A la muerte de Elisa, en 1968, heredaron los sobrinos que habían administrado Juancho. Con poco tiempo de diferencia fallecieron estos dos hermanos y Juancho Viejo fue heredado por los hijos de Jorge - José Manuel y Jorge Díaz Herrera - y los hijos de Ricardo – Elizabeth y Ricardo Díaz Herrera.



En junio de 1980 los Díaz Herrera vendieron las 1000 ha. y el casco a Enrique Fraga y su señora madre. Dos años después Fraga hace traspaso de la propiedad a Carlos Picardo y Juan Carlos Bidou. Desde 1986 pertenece a Eduardo Louge, su actual dueño.


LLEGANDO A JUANCHO




Desde la ciudad de Madariaga por la Ruta Nacional Nº 11, recorriendo 12 km, se llega a “Juancho Viejo” con su hermoso bosque de casuarinas, araucarias, acacias, ombúes y talas centenarios que resguardan el complejo de casas. Integrado por tres pabellones coloniales con grandes galerías y arcadas de influencia italiana del siglo pasado. El casco tiene hoy alrededor de 160 años. Lo mandó a construir Álzaga sin escatimar material ni esfuerzo, como se hacía entonces con la que debía ser el refugio de familias acostumbradas al bienestar de las ciudades del mundo con el agregado de pensar, temer y prevenir siempre la vecindad y posibles ataques del indio. Sus grandes arcadas de columnas cuadradas y vigorosas sostienen las galerías desde donde se escucha el silbar de los juncos de la laguna. Son tres edificaciones altas, con techos en azotea, con una arquitectura vagamente colonial a la que un patrón viajado había hecho agregar aires de villa romana. En el techo se junta el agua de lluvia que luego se volcará en el aljibe.

LA MIRADA SALE DE PASEO POR LA LAGUNA


Edificaciones menores completan el conjunto, como la cochera, fiel réplica de los pabellones de la casa patronal. Se conservan ruinas de enormes galpones de esquila y una noria de 80 m construida con elementos importados. Justificamos esta desmesura porque sabemos que en sus mejores épocas de prosperidad, cuando era uno solo hasta el horizonte, el establecimiento llegó a contar con 50.000 ovejas, 30.000 vacunos y 14.000 yeguarizos


Son muchos años de historias y leyendas, enmarañados entre fantasmas de viejos moradores, patrones, esclavos, peonadas y famosos mayordomos. No faltan en esta historia la tragedia, el mal de amores, las fiestas y los duelos, las bodas y los funerales, mecidos por talas, sauces y algarrobos en medio de fragores de guerra y épocas de bonanza pacífica y productiva. Una completísima fauna salvaje, de monte y laguna, aparece o se oculta, furtiva y a veces silenciosa.


Un aljibe que perteneció al cabildo de la ciudad de Buenos Aires, instalado por Martín de Alzaga en el patio de las casas, realizado en una sola pieza de purísimo mármol de Carrara con tallas de cabeza de león, aún luce su estampa aristocrática.


Estas construcciones fueron levantadas entre 1858 y 1860, por lo que tienen paredes de ladrillo y adobe de 70 cm. de espesor y sus ventanas con rejas de hierro, todo ello para esperar y resistir el ataque del malón. Los tirantes del interior y de las galerías, de más de 100 kg. cada uno, son de madera de ñandubay, traídos del norte argentino, sobre ellos reposan ladrillos blanqueados a la cal. A 50 mts. de los pabellones el terreno desciende formando una barranca para dar paso a la Laguna de Juancho, donde los juncos compiten en galanura con patos silvestres, gallaretas, flamencos y cisnes de cuello negro.


Los interiores, con pisos y techos de madera, son cálidos, serenos y austeros.


El hogar que preside y adorna la sala del pabellón principal es otra joya artística, con sus lanzas y leones en bajorrelieves de mármol, curiosamente parecidos al trabajo del aljibe.


Valeria Guerrero, sobrina y ahijada de Luís Guerrero, el heredero de Juancho Viejo, dice en su libro “Surge Pinamar”: “Quiero decir algo más sobre Juancho Viejo, adonde venía Felicitas, mi tía. Es el casco de todos estos campos y un lugar muy lindo y romántico.


Sus tres casas, edificadas al borde de una laguna, tienen algo de melancólico. Son de estilo colonial. Se diría que con influencia italiana, por lo alto de esos edificios con azotea y la amplitud de sus arcadas. Recuerdan esos antiguos palacios que se ven en Italia, en ciudades como Verona, Padua, Florencia. En el mismo estilo está construido el puesto de La Invernada y también La Postrera”… “Además hay grandes galpones donde se esquilaban miles de ovejas, una carnicería pintoresca por la forma de su techo, la casa del personal, de dos pisos, con una escalera muy bonita, de hierro a un costado y una baranda igual a todo lo largo”.



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LEYENDA SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE JUANCHO


Poco antes de la rebelión de los hacendados en 1839, cuenta la leyenda que un esclavo negro liberto así llamado, se había conchabado en esa estancia de los Montes Grandes. Se encontraba cumpliendo tareas cerca de la comandancia de Monsalvo cuando, al pasar por una pulpería, observó la inminente partida de un escuadrón con órdenes de requisar caballos en los Montes Grandes, para los consabidos tratos de Rosas con los indios. Cabalgando fuerte, alertó a sus patrones que pudieron poner a salvo los mejores equinos en el interior de la estancia. Éstos agradecieron a Juancho mejorando sus condiciones de trabajo y paga. Pero esto trajo una consecuencia: Juancho se aficionó por demás a la bebida y comenzó a tener peleas provocadas por su ebriedad. Contaba por entonces el establecimiento con más de 300 hombres, algunos con familia que vivían en ranchos junto a la laguna, no lejos del casco. Juancho se puso camorrero y dicen que un día murió acuchillado. Su cuerpo nunca apareció. Algunos decían que había quedado en el fondo de la laguna luego de una de tantas peleas. Fue un secreto bien guardado por quienes – obviamente – lo conocían. A la laguna desde entonces se la conoció como Laguna de Juancho. Luego le fue dando nombre al paraje, a la estancia y hasta a la estación del ferrocarril.


Ni en sus sueños de gloria Juancho lo pudo imaginar...






EL CEMENTERIO DE LOS INDIOS


El famoso cacique Calfucurá llevó a su tribu en uno de los últimos malones hasta las puertas mismas de Buenos Aires. De regreso hacia el desierto, cruzaron por los Montes Grandes con más de 200 lanzas, haciendo un alto en los Montes Grandes sólo para pasar la noche. Algunos indios venían enfermos de tifus tuvieron tiempo de contagiar a varios peones de la estancia. La epidemia - se dice – se propagó dejando una mortandad de 60 víctimas, las que fueron enterradas en una fosa común a orillas de la laguna. El lugar se conoce actualmente como “Cementerio de los indios”, también como “Las sepulturas” No es tierra santificada; la superstición de la gente del lugar cuenta para el espanto que de noche suelen verse luces malas. No me parece raro que así sea, malas o buenas, los huesos – y allí los hay y muchos – suelen despedir cierta luminosidad por una reacción química con el aire, que sólo de noche se hace visible. Justo a la hora de los cuentos de fogón…



Está situado al fondo del monte que rodea el casco, dicen…donde la laguna hace un recodo a unos 100 metros. Allí se puede llegar con la guía de viejos narradores, que tratarán de ponerte los pelos de punta. Todavía está, en secreto guardado por mimbres y talas, la fosa común donde descansa un trozo de nuestra historia rural. Esta narración llegó a nosotros imprecisa y romántica como una leyenda.













LA INVERNADA
LA HERENCIA DE VALERIA GUERRERO Y CÀRDENAS

HEREDADA POR MANUEL GUERRERO Y RAQUEL CÁRDENAS EN 1907,LUEGO POR SU HIJA VALERIA GUERRERO CÁRDENAS , QUIEN DONÓ EL CASCO A LA MUNICIPALIDAD DE GENERAL MADARIAGA.



Valeria Guerrero, la primera biógrafa de la familia, cuenta de Felicitas Guerrero de Álzaga – “esa tía mía a quien no he conocido” - que no sólo era hermosa, sino también simpática, inteligente, expresiva y llena de gracia, y que se reveló como empresaria al hacerse cargo de sus cuantiosas propiedades. Era valiente: se venía a Juancho desde La Postrera en Castelli en su galera, con empleados y tropilla de caballos a campo traviesa, ya que no había alambrados ni caminos. Sabemos la trágica historia de esa tía, que determina que los Montes Grandes lleguen a manos del padre de Valeria y de sus tíos.

“La casa principal era Juancho Viejo y había dos puestos importantes: La Invernada y Martín García. Había otros puesteros, pero no sé en qué casas vivirían.”

Valeria, que era la hermana mayor, cuenta que vino a La Invernada desde Mar del Plata, a mediados de abril cuando tenía 12 años, alrededor de 1912. Viajó en el tren carreta con sus padres – Manuel Guerrero y Raquel Cárdenas – hasta Juancho. Estuvieron esperando en el almacén de la estación hasta que a la tardecita el capataz acercó el coche con cuatro caballos. Enseguida se hizo de noche y recuerda que el viaje fue largo. Comenta que nunca había visto campos tan extensos, donde la vista se perdía sin que nada se interpusiese.
1912

…”el camino casi no estaba marcado, era una huella a ratos, en otros ratos, sólo pasto y yo pensaba: ¿cómo no se pierde esta gente? Ya era noche casi cerrada cuando alcanzamos a divisar, en lo alto de la loma, la casa de La Invernada que, más que casa, parecía un fuerte, con esas paredes altas de ladrillo. Es impresionante esta mole de edificación, casi cuadrada, con sus enormes corredores, sola en lo alto, dominando el monte.

Pero me gustó mucho porque yo no imaginaba algo así. Bajamos y allí nos esperaban doña Ramona, la mujer de don Antonio Alvarez (el capataz que venía con nosotros) y sus chicos Enrique, Anita y Fernando;* algo menores que yo. Había también otros peones, hombres taciturnos, con sus bombachas y sombreros negros, de ala ancha, botas, pañuelo al cuello, el cuchillo a la cintura y una infinidad de perros de todos tamaños y razas que salieron ladrando como locos.

Nos llevaron a nuestros cuartos. La punta de la casa que da al Este papá la había hecho arreglar para hacerla más confortable. Le había puesto piso de madera y había abierto una ventana. Del otro lado había cerrado las arcadas y hecho otro cuarto más chico y un baño (con artefactos antiguos). El lavatorio tenía un armarito abajo y cerámicas de colores. El cuarto más chico fue para papá, que le gustaba vivir independiente, y mamá y yo dormimos en el otro, que era enorme. Habían puesto allí también una mesa para comer y escribir, con sus sillas y un aparador con ese juego tan conocido de loza inglesa Willow, que tenía todo el mundo en esa época, como cosa corriente, y que ahora no se encuentra más en ninguna parte. Si uno lo quisiera reponer, solamente encontraría algún plato suelto en los anticuarios.

….Sé que al lado de la casa no había mucho donde ir. Había un gran aljibe, muchos perros y todo monte de tala alrededor.

Lo que sí recuerdo, y no podré olvidar nunca, tal es la impresión que me causó, fue esa inmensa cocina adonde me fui a mirar cómo hacían el asado, en un fogón redondo, debajo de la gran campana. Todo estaba oscuro, no se veía nada de lo que había en ese cuarto tan grande. La única luz la daban el fuego encendido y un candil de cebo en un tachito puesto encima de un poste, al lado del fogón. Yo nunca había visto un candil.
1912

En la estancia – Valeria se refiere a La Raquel, donde pasaban sus vacaciones - había lámparas de kerosene, velas, luz de acetileno, así que me llamó mucho la atención esa forma de alumbrarse y más todavía cuando me senté en un banquito bajo que me ofrecieron y empecé a mirar en la penumbra a esos hombres sentados también en banquitos o en cabezas de vaca, pasándose el mate que cebaban con una pava toda negra de hollín, con movimientos lentos, sin decir una palabra, si no allá de tanto en tanto, una frase suelta que no necesitaba contestación. Así pasó el tiempo. No sé cuánto habrá sido, pero al menos una hora y media o dos, siempre igual, y yo estaba quieta también y cada vez más asombrada con algo que se me hacía tan raro, como de cuento. Parecía un cuadro, esa gente de campo a la antigua. No se les veía casi nada más que las caras y las manos a la luz del fuego y del candil. Lo demás, las ropas oscuras, las botas, se esfumaban en la oscuridad de la cocina, tal como en esos cuadros de Rembrandt que he visto después en los museos.

¡Qué recuerdos más lindos tengo de esa primera ida a La Invernada!”

Hoy el puesto de La Invernada con su casa histórica pertenece a la Municipalidad de General Madariaga, otorgado en donación por Valeria Guerrero Cárdenas de Russo. En él se realiza anualmente la Fiesta del Talar con enorme éxito desde hace ya más de diez años.

EL FERROCARRIL QUE MANUEL GUERRERO HIZO TENDER PARA LLEGAR A LOS OBRAJES DE TALA



EL TALAR - FAMILIA MATTOS BENGOLEA



La Estancia “El Talar” está integrada por una parte de la vieja estancia La Invernada y otra de El Rosario, ambas de la testamentería de Valeria Guerrero y Cárdenas de Russo.


La parcela que conserva el nombre de “El Talar”, formó parte de “La Invernada” ubicada en el extremo sur de la ruta 74 con frente a la ruta Interbalnearia.


Estas tierras llegan a María Bengolea de Matos -la familia propietaria- a través de Felicitas Guerrero, hermana del bisabuelo de María, viuda de Martín de Álzaga y heredera de sus inmensas propiedades: 70.334 leguas cuadradas de campo en la provincia de Buenos Aires.


“La Invernada” y “El Rosario” fueron del padre de Valeria Guerrero y Cárdenas, Manuel Justo Guerrero. Manuel era hermano de José Guerrero, bisabuelo de María y uno de los hermanos menores de Felicitas.
PATIO ANDALUZ


Pero no es totalmente adjudicable a ese parentesco con Valeria que hoy la familia Matos Bengolea es propietaria de El Talar, sino a la gran amistad que enriqueció siempre a esos lazos de sangre entre Mery y su tía Valeria y al cariño entrañable que sintió Valeria Guerrero por el esposo de la sobrina, Daniel Matos, y los hijos de ambos. Fueron una sola familia. Fueron los hijos y nietos del corazón que Valeria amó como a tales y a quien ellos amaron y cuidaron hasta su fallecimiento.


Valeria no tenía herederos directos ya que no tuvo hijos, por eso dio a sus personas más queridas todas sus propiedades. También creó una fundación en la estancia “La Raquel”, en el partido de Castelli, al sur del río Salado.


Dentro de esta propiedad que hoy es de María se encuentra una antigua casa que fue el casco de la estancia “La Invernada”, la que abarcaba todo el territorio del que estamos hablando. Esta construcción antigua, por pedido de Valeria fue donada por Daniel Matos a la Municipalidad de Gral. Madariaga. El deseo de Valeria, expresado en el acta de donación, fue que debía estar dedicada a Museo y mantenida por cuenta municipal.


Me dice María Bengolea: -“Lamentablemente aún no se ha hecho nada en el lugar, el que está bastante descuidado. Este casco- junto a otras construcciones en las propiedades del Sr. Álzaga- eran tan similares, que hoy aún se puede ver que el casco madre de todas las estancias, que está en “La Postrera”, en Castelli, comparado con el de la Invernada, el de Juancho Viejo y uno que hoy lamentablemente no existe, (“Martín García”) se parecen tanto como si presentaran rasgos de herencia. Estas estancias, que condensan gran parte de la historia de nuestro partido- como otras también importantes en este aspecto- no deben faltar a la cita para rendir homenaje a General Madariaga en su Centenario”.


El casco actual de la estancia “El Talar”, se ha construido sobre una primera vivienda que por error la Dirección de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires construyó para el caminero en este lugar al hacerse la traza Madariaga-Pinamar. Valeria Guerrero debió entonces comprar la construcción. Sobre ella se fue edificando la actual casa, agrandando y agregando ambientes en varias etapas, parquizando y haciendo las comodidades necesarias.


Con mucho cuidado se eligieron los hoy centenarios talas que debían quedar para darle el nombre al lugar y conformar ese parque muy particular, mimados entre caminos de espléndidos agapantos y el rojo toque pasional de las achiras. Dice María: “Hoy tratamos de cuidar estos árboles, ya que son muy añosos, y a pesar de que pareciera que son muchos, haciendo una comparación con fotos anteriores, vemos que ya no hay tantos.

LA ANTIGUA MATERA


Hemos tratado de mantener la estancia tal cual como estaba cuando era propiedad de Valeria porque sabemos que eso a ella le hubiera gustado mucho. Fue tan generosa con nosotros que honramos su memoria de esta forma. Mis hijos han crecido acá, le tienen un gran cariño a El Talar, y saben lo importante que es para mí que todo esté tal cual como era.”


El histórico tanque del agua, que abastece a toda la casa y sus instalaciones, tiene una vivienda completa debajo, y fue donde vivieron los caseros durante mucho tiempo. Hoy se utiliza como casa de huéspedes.


El puesto fue durante muchos años, y hasta el año 1992, la casa del encargado de la estancia. Hoy en día está arreglada como casa de huéspedes.


La matera es el lugar de reunión obligado después de un día largo de trabajo. También tiene un monterero, y alguna comodidad para descanso de personal.


El casco tiene otras construcciones: dos galpones: uno para las actividades que tienen que ver con el campo, y otro con vivienda para personal, y para uso de la casa. Una usina, que actualmente está en desuso porque la luz es suministrada por la cooperativa de Gral. Madariaga y que es testigo de otra época, como lo son la herrería y la carnicería.


Todas estas construcciones hacen que sea un casco muy lindo, perteneciente a la primera historia del Tuyú, que nos recuerda cuando las estancias eran como pueblos, habitadas por todos sus trabajadores, donde nacían niños y se celebraban bodas.


Valeria Guerrero y Cárdenas murió el 5 de mayo de 1992. Hasta ese entonces tuvo el usufructo de sus propiedades, las cuales donó en vida.


La familia Mattos Bengolea vive aquí desde el año 1986, pero realmente tuvieron el campo a finales del año 1993, cuando empezaron a administrarlo.


“Actualmente la estancia es propiedad de mis hijos María, Daniel, Florencia, Antonio, y mía. Mi marido, Daniel Matos, falleció el día 20 de mayo del año 2000. Desde entonces, yo estoy a cargo de la administración del campo, he tratado de hacerlo crecer y cuidar el capital de la familia, que participa activamente en todas las actividades y decisiones. Durante estos últimos años hemos trabajado mucho en la actividad principal que es la ganadería, específicamente cría y hecho mejoras en la estancia, explotándola plenamente”.


María Bengolea de Matos: una mujer fuerte que honra y preserva nuestras más caras tradiciones.


EL TESTAMENTO DE VALERIA GUERRERO


María me explica cómo fueron repartidos los campos en el testamento de Valeria Guerrero y Cárdenas entre los hijos de su hermana, Marta Guerrero de Piñeiro Pearson, y la familia Matos Bengolea.


PARCELA 1- Familia Matos Bengolea – El Talar -


PARCELA 2 - Delia Bosh de Piñeiro Pearson, El Rosario - 3355 ha.- Vende1480 ha. a Manuel Piñeiro Pearson - Emprendimiento Chacras del Rosario


PARCELA 3 - Carlos Piñeiro Pearson, quien vendió a su actual dueña Norma Reynols de Perdomo, 520 ha.


PARCELA 3 - Tito Piñeiro Pearson, quien vendió a su actual dueño señor Volfranco Tarulli - ZITA S.R.L. 1169 ha.


VALRIA NOS DEJÒSU TESTIMONIO SOBRE "EL TALAR"
El proyecto del Balneario Pinamar se llevaba a cabo sobre tierras de Valeria Guerrero Cárdenas de Russo desde 1939. El año 1943, en que se formó la Sociedad Anónima, fue de ruptura y desacuerdos. Cuenta Valeria en su libro “Surge Pinamar” que, al romperse las buenas relaciones entre ella y el fundador, comienza una disputa por tierra firme- la tierra de sus campos- que necesitaba la empresa Pinamar S.A. para sus quintas y animales, para el trazado de caminos y calles, para parquizar parques, para la cancha de golf. Tierra insistentemente reclamada por Jorge Bunge por ser vital para el proyecto. La actitud nada amigable de Jorge Bunge; la mala relación entre éste y el esposo de Valeria, el Dr. Russo; el trato desventajoso y unilateral impuesto por Pinamar S.A. en la compra de los médanos y la adjudicación de acciones, fueron- a juicio de Valeria- los detonantes de un estado de cosas que culminó con la negativa terminante de Valeria a vender la tierra que Pinamar necesitaba y que ofreció comprar. Así es como Valeria se queja del uso indebido que hacía Bunge de su campo, durante la construcción del camino Madariaga-Pinamar. Aparece también aquí el relato de cómo se edifica la casa de la actual estancia El Talar:
TIERRA PARA EL GOLF - 1942




“Los atropellos al campo siguieron a más y mejor. Cuando se estaba haciendo el terraplén del camino para el que habíamos dado tierra, Jorge se las arreglaba con los ingenieros y se llevaba lo que quería a Pinamar.


Lo correcto hubiera sido que nos comprara la tierra, igual que los tepes de césped que utilizaba para los greens de golf; pero, como era linda obra el golf, no decíamos nada y dejábamos que se la llevara.


En 1945 (…) recibimos un telegrama de Durante, el capataz de los Arbelaiz (…) que nos decía que Vialidad había mandado desmontar justamente ese lugar donde está hoy nuestra casita “El Talar” en la que vivimos cuando estamos acá.


Es el Km. 23 y Vialidad argüía que ese era el lugar de ocho hectáreas para el caminero. (…) vinimos enseguida a El Talar para ver de qué se trataba y explicar que las ocho hectáreas para Vialidad estaban en el kilómetro 24.


El Título del campo desapareció de Catastro de la Provincia y tuvimos que dejar que hicieran el trabajo de cortar los árboles, se llevaran la leña y después levantaran la casita igual a otra que hay más cerca de Madariaga. (…)


Por fin Juan Pablo pudo conseguir el título en la Plata y pudimos demostrar a Vialidad que nos hacía un perjuicio por ser ésta la parte más alta y con monte que hay en el camino cerca de Pinamar.


… propusieron vendernos la casita. Por eso estamos viviendo en ella. Hemos hecho una buena cocina y despensa, lavadero, cuarto para la caldera, más baños y cuarto de huéspedes y para servicio, escritorio, cuarto de valijas arriba. Se ha formado un patio que es muy simpático. Hay cinco chimeneas, un lindo office, terraza, etc.



Además, varios galpones, cuartos para empleados, usina para la luz eléctrica, carnicería, saladero de cueros, torre de agua con departamento para los caseros, casa para el capataz, matera para los peones. Tenemos dos buenos mollinos y el lugar para los asados.



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ESTANCIA CHARLES VIEJO

Es una agradable mañana de agosto. Llegamos a Charles Viejo siguiendo sus avenidas de árboles bordeando el cuidado parque. Nos espera el dueño de casa, el señor Eduardo Guerrero, hasta quien nos escoltan los consabidos perros bonachones que se encuentran en todo campo.



Charles viejo está precedido por un aura encantada, ya que su patrón ha sabido hacer de él un museo rural que guarda con amoroso cuidado la historia familiar y de la zona. Aparece a primera vista como una edificación de estilo suizo, espaciosa y bien cuidada. Es una de las partes en que se dividió el legado de Jhonny Guerrero, hijo de Héctor y padre de Eduardo. Pasamos al museo donde Eduardo ha clasificado y resguardado documentos familiares. Se conservan varios premios obtenidos en la Exposición Rural por sus famosos Aberdeen Angus, de los que los Guerrero fueron introductores en el país; un álbum fotográfico de todos los tiempos; facturas, cartas, mapas y planos. Un plano azul enmarcado que lleva la firma de Charles Tahis, donde se puedo estudiar en detalle el diseño de este jardín que visitamos. Un documento rotundo como éste no había visto. Si el célebre paisajista hubiese diseñado tantos jardines como se dice, hubiese sido más famoso por su larga vida que por sus parques.

FOTOS HISTÓRICAS


Entramos en un mundo con rico olor a cueros. Es la sala donde de los aperos, cuidadosamente lustrados, engrasados y expuestos en juegos completos, muy diferentes unos de otros, según origen, uso, material. Árabes, trenzados, de oro y plata, para monta, para carruajes. También impresiona su número.


Al tratarse el legado testamentario, había en esos galpones muchas bolsas con aperos enredados, mezclados, guardados por simple acumulación, atacados por el óxido y el verdín o simplemente sucios.



Decidieron que Eduardo se quedaría con todas las bolsas para no separar juegos, a cambio él debió ceder algo por su parte. Vinieron años de trabajo apasionante en el que fue separando, clasificando, reuniendo juegos, limpiando y lustrando, mientras acondicionaba las salas. El resultado es bellísimo.


Entramos luego en la sala de carruajes. Una valiosa reunión de carros, diligencias, berlinas, calesas, restauradas con sumo cuidado, siguiendo cánones de las antiguas fábricas, que insumió años de búsqueda de repuestos en anticuarios y estancias, reemplazando cristales biselados rotos en ventanillas y faroles, volviendo a la vida cueros ajados, retapizando asientos capitoné con su color original, viajando con la pieza para hacerla forrar y por último la pintura, esmerada y detallista. Está el coche negro que fuera de Felicitas Guerrero y un sinfín de vehículos diferentes y hermosos.

Finalmente visitamos lo que fuera el alojamiento de los peones de la primitiva Charles. Durante un tiempo fue hospedaje rural. Ahora sólo trae a conocer el campo y sus tesoros a sus huéspedes del hotel de Cariló. El comedor que fuera el de los peones, arreglado con gusto, espacioso y luminoso, con el techo cubierto de hierbas y flores desecadas del propio jardín.


Hay una huerta de aromáticas y verduras, hobby del dueño de casa.
El recorrido terminó con una plácida reunión al sol alrededor de un rico café, y mientras la charla agradable se iba prolongando, la perrita Pepa, “mezcla de salchicha y cuzco” según su dueño, se acurrucaba y dormitaba en mi falda.



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LA PROVIDENCIA - SAN CAYETANO
 LOS ZORZALES
HEREDADAS POR CATALINA GUERRERO DE MARTÌNEZ ITUÑO
ESTANCIA LA PROVIDENCIA

La estancia La Providencia formaba parte de los Montes Grandes. En tiempos de Álzaga se llamaba “La Limpia”, por su lìmpida laguna.


A la muerte de don Carlos Guerrero y de su esposa, una de sus hijas, Catalina Guerrero de Martínez Ituño, heredó en 1908 la propiedad, juntamente con Los Zorzales – llamada por entonces Del Medio - y San Cayetano. Un esquinero de Los Zorzales pasó más adelante a formar parte de la planta urbana de General Madariaga, a propuesta y por iniciativa del rematador don Arturo Etchegaray. A ese sector se lo llamò sector Guerrero. Los otros solares sobre los que se asienta el pueblo pertenecieron a las estancias de Zubiaurre y de Madariaga Anchorena.


El ingeniero Guillermo Martínez Ituño fue un intendente progresista desde 1910 a 1913. Leo en el Almanaque-Guía de 1916 que fueron el ex intendente Guillermo Martínez Ituño y el doctor Halliburton quienes donaron el solar para la Intendencia Municipal que edificó el constructor Luis Gualla.

Construcciòn de la municipalidad de Madariaga


Catalina Guerrero de Martínez Ituño donó fondos para la construcción del edificio, junto a las familias Madariaga, Anchorena, Guerrero, Leloir y Castex que se sumaron a la suscripción popular.


El intendente Martínez Ituño firmó con Alfredo Martínez y Cía. el contrato para el primer alumbrado eléctrico público y particular en 1912.


Su hijo, Guillermo Martínez Guerrero, fue el fundador del Comité Radical en General Madariaga que hoy lleva su nombre.

EL POTRERO DE LOS POBRES


Don Guillermo tenía un pedazo de campo en La Providencia llamado el Potrero de los Pobres, donde iban a refugiarse los miserables sin techo y sin trabajo con permiso para criar sus propias majadas. Era un rancherío donde, por encargo del patrón, se carneaban ovejas y se entregaba carne, galleta, a veces se los conchababa. Cuenta la tradición oral que cuando el popular “Lleme”- como le llamaban- llegaba al campo piloteando su avión particular, una nube de menesterosos, a veces enfermos o impedidos lo abordaba haciéndole pedidos de remedios, techo, o trabajo.


HOSPITAL Y ASILOS



Don Guillermo estaba casado con Ana Rosa Schlieper, dama que formó la Comisión de Damas Vicentinas, que en 1925 lograra la fundación del Hospital Regional, al que se sumó el Hogar de Niñas Huérfanas San José y el Hogar de Varones San Juan Bautista. Fueron años Ferias Francas, organizadas con la colaboración de todo el pueblo. En ese hospital modelo la salud no se cobraba, atendido con excelencia por las diligentes Hermanas de San Vicente de Paul, que además cultivaban una quinta y criaban animales para la cocina del nosocomio.


En 1933 llegó el doctor Abelardo Costa a Madariaga porque Don Guillermo necesitaba a alguien que atendiera la salud de “sus pobres.


CRÍA DE CABALLOS


Sabido es que los Guerrero han sido hábiles criadores de caballos. Don Guillermo no escapó a esta consigna genética. En la Providencia se hacían grandes domas y yerras muy populares entre la gente del lugar. Los caballos salvajes capturados eran adaptados al uso de las tareas rurales de acuerdo a sus características por los grandes domadores del momento y cruzados con animales importados para mejorar la raza.



Guillermo Martínez Guerrero tenía, además, gran afición a la cría de caballos de carrera. Un caballo suyo llamado el Gateado, era famoso por ser absolutamente indomable y por haber volteado a todos sus jinetes. Don Carlos Gesell, que tenía un médano muy difícil de fijar, resistente e indómito en el naciente balneario Villa Gesell, nombró El Gateado a ese médano en homenaje al animal.






OBRAJE LA PROVIDENCIA


Desde la época colonial eran renombrados los espesos y enormes Montes Grandes del Tuyú porque eran refugio para gauchos que huían de la justicia o de las levas, así como por la calidad de la leña del monte natural al alcance de la mano.


La explotación de los montes de tala y coronillo ya había empezado antes del año 1907, en que se instala el Ferrocarril Sud, en los albores del Pueblo y Colonia Divisadero. El ferrocarril necesitaba leña y carbón para las máquinas, por lo que extiende ramales hasta los obrajes de Manuel Guerrero, en Punta Rieles y de Muglia.


Dice el Almanaque y Guía de 1916:


“Se explotan en escala colosal los renombrados Montes de Juancho, de donde se obtiene la leña de tala y carbón con que se provee a la mayor parte de los partidos de la Provincia. En las proximidades de la estación existe el Obraje La Providencia, importante establecimiento que cuenta con las más modernas máquinas, como las colosales destroncadoras “Hércules” de 100 caballos de fuerza, trozadoras para troncos de gran tamaño y calderas que producían la fuerza motriz a través de engranajes y pistones de gran porte. Se instaló un decauville completo adquirido en Francia –tren de vías móviles – por la que se transporta la leña hasta la estación. La Empresa Ferrocarril Sud ha construido un galpón de 100 m por 20 para el depósito de la leña. Favorecida por el desarrollo creciente, esta industria ocupará en pocos años un primer lugar en la provincia.”


El obraje La Providencia comenzó a funcionar en 1909. El doctor Halliburton, médico con activa participación en la vida social y política del Divisadero, interesó al ingeniero Martínez Ituño para explotar una parte de los montes de tala y coronillo de ese campo. Pusieron un obraje que se llamó “Santa Teresa”, suscribiendo un contrato el 14 de junio de 1909, por el cual el médico adquirió maquinarias y contrató mano de obra en cantidad. Pronto la explotación adquirió dimensiones no imaginadas. Se producían 2000 toneladas de leña mensuales y se empleaban 200 hombres. Pronto hubo que comprar más máquinas y aparecieron los hornos para hacer el carbón de leña, nueva actividad muy próspera.


Una desinteligencia entre Halliburton y Martínez Ituño terminó en los Tribunales de Dolores. Finalmente el propietario de la estancia se hizo cargo de maquinarias, herramientas y la existencia de leña y carbón.


En 1921 Guillermo Martínez Guerrero extendió la explotación a Los Zorzales, hasta donde construyó otro ramal ferroviario a lo largo de la avenida Rivadavia para internarse 25 km hasta alcanzar el obraje.



La población estable aumentó de golpe, desbordando por la afluencia de trabajadores de estos obrajes, más los de “La Selva”, “Muglia”, “Tío Domingo”. Se multiplicaron hoteles, fondas, almacenes de ramos generales y tiendas de ropa. Ya La Providencia diez años después, reclutaba 600 trabajadores y producía 2000 toneladas de leña por mes, que en épocas de mayor demanda se elevó a 5000.


Luego de la segunda Gran Guerra, el petróleo fue ocupando su lugar y el auto transporte de cargas y pasajeros fue desplazando al tren.


Noticias en época de guerra relacionadas con “La Providencia”SEMANARIO TRIBUNA – 25 de marzo de 1944



El jueves último, varios aviones de la armada aterrizaron en nuestro pueblo en la antigua pista de aterrizaje de la estancia “La Providencia”, de Don Guillermo Martínez Guerrero, donde al parecer se tiene pensado establecer una base para la vigilancia de nuestro litoral atlántico.


SEMANARIO TRIBUNA – 6 de mayo de 1944 – (síntesis y comentario)


El diputado radical Guillermo Martínez Guerrero escribió una nota al director del periódico, en la que le cuenta que, en 1928, fue delegado por el gobierno argentino en el Congreso Internacional de Aviación en Praga. A su regreso presentó un audaz proyecto para la construcción de un aeropuerto. Entonces no fue aprobado y ahora algunos de aquellos diputados le dicen que tuvo razón. Expresa que desearía que el semanario publique artículos tendientes a favorecer la idea de que Madariaga tenga su autódromo.


SEMANARIO TRIBUNA - 3 de junio de 1944


Nueva carta al director del señor Martínez Guerrero en la que comenta que sabe que por iniciativa del Sr. Alejandro Leloir, el Consejo Deliberante adquirió hace unos años un terreno para aeródromo situado al norte, a 20 cuadras del centro. Ello lo lleva al cálculo que, a los gastos para hangar y talleres, se le deberá sumar el pavimento necesario. Comenta que el Plan Vial sólo hizo accesos asfaltados en el sur del pueblo, por lo que el aeródromo deberá estar sobre esa ruta, donde sugiere comprar una chacra de buenas tierras altas, que se financiaría vendiendo la chacra municipal ya adquirida.


SEMANARIO TRIBUNA . 5 DE AGOSTO DE 1944 –


EL Primer Ministro Británico, Sr. Winston Churchill se refirió en la Cámara de los Comunes a la posición de Argentina como país neutral. “Todos debemos sentir verdadero pesar y ansiedad como amigos que somos de Argentina, por el hecho de que, en estos momentos de prueba, esa nación no se haya considerado dispuesta a declararse sinceramente, sin reservas ni discriminaciones, del lado de la libertad y haya decidido contemporizar con el mal, y no sólo con el mal, sino con la parte perdedora. Las acciones deben ser juzgadas por la parte que desempeñan. No sólo los beligerantes, sino también los neutrales, comprobarán que su papel en el mundo quedará afectado por el papel que han elegido desempeñar en la crisis de la guerra


TRIBUNA, sábado 26 de agosto de 1944


¿ESPIONAJE EN NUESTRO PUEBLO?- (sic) En noticiosos del día jueves escuchamos que se ha descubierto una nueva ramificación del espionaje alemán en nuestro país.Tales actividades anti argentinas se desarrollaron en Gral. Madariaga y en la vecina ciudad de Tandil.


Ciertos elementos de la antipatria, declarados admiradores del nazism, han actuado abiertamente por lo que esperamos que la nueva investigación los desenmascare para hacerles sentir el repudio que se merecen los traidores a la patria.




LA PROVIDENCIA HOY


El Establecimiento La Providencia fue heredado por los hijos de Guillermo Martínez Guerrero, fallecido el 4 de febrero de 1956: Ana Rosa Martínez Guerrero de Frers 1063 has. y Carlos F. Martínez Guerrero quien se reservó 772 has., luego del loteo de chacras al sur del camino a La Salada. Esta fracción recibe hoy el nombre de La Providencia y ha sido adquirida por el señor Giancarlo Grassini.


Pasamos debajo del importante arco de entrada con la inscripción “Bienvenidos” y recorremos un gran parque muy cuidado de talas autóctonos que siguen allí como en exposición, honrando su pasado de obraje, rodeado cada ejemplar por un cantero de hiedra salpicado de algunas flores. Los talas, añosos y quizá cansados, se han reclinado según su ancestral costumbre sobre el muelle colchón de hiedras y flores. Dan al parque aspecto de paseo de esculturas caprichosas ofreciendo asiento, cabalgadura o respaldo. Se camina entre farolas hasta que aparece la casa. Produce emoción ver su perfecto estado de conservación y el respeto por sus formas coloniales sencillas. Es baja, blanca, techada con tejas coloniales, con pequeños patios de aljibe, azoteas con balaustres, ventanas altas enrejadas y grandes faroles en sus paredes. Tiene un porche amplio, con arcadas. Todas sus ventanas miran al monte de talas, a la pampa ensimismada, a la salida y puesta del sol.


Siento de pronto admiración por la sensibilidad de la persona que habita y trabaja hoy este lugar histórico. El arco de entrada al que me referí es la reproducción exacta de los arcos y remates de la casa, presentes en toda la construcción; encierran en ambos frentes dos escudos de familia que han sido conservados. El patrimonio está en buenas manos.


LA EXPLOTACIÓN AGROGANADERA


La Providencia está a la vanguardia de la modernidad, como fuera en época de los Martínez Ituño-Guerrero. El monte de talas y coronillos se fue retirando para dar paso a cultivos de soja, trigo, maíz. Un inmenso galpón muestra un enorme acopio de maquinarias para tareas agrícolas de última generación, guardadas con orden y limpieza. Otro galpón guarda tractores, camionetas y camiones de hacienda. Junto a ellos, una plantación de frutales pequeños y variados nos hace la promesa de futuras delicias.


Un feed lot, es una sinfonía en negro. Oscuros terneros de brillante hocico y ojos dulces chapalean y disputan la comida suculenta entre cuervos y tordos que alzan vuelo oscureciendo el cielo.


Alrededor brillantes y modernos silos metálicos guardan los granos de propia cosecha para alimentar a estos bebés corpulentos. Pregunto entonces por el silo, famoso en el pasado, un hito que podíamos ver desde el camino de tierra a Pinamar. Era de ladrillo, muy alto, en forma de cono truncado. La Sra. Guevara, que es quien nos guía, dice que se cayó en los 70´ de puro viejo, ya fuera de uso. Él también, como los talas, se recostó a descansar para ver llegar el progreso.


ESTANCIA LOS ZORZALES

También llamada Estancia Del Medio, fue vendida por la descendencia de Martínez Guerrero a Guy Calmejane, cuyos herederos, Francisco, Nélida, Odesta y Jorge Calmejane y Nélida Mohamed de Calmejane son aún hoy los propietarios del campo.






LOS ZORZALES HOY


Con el encargado del campo, Agustín Gartía, partimos en hacia Los Zorzales. Agustín nos cuenta que a la derecha del camino aún hay restos de la vía del decauville que transportara la leña y carbón del obraje para el ferrocarril de los ingleses.


Aparece la estancia, sorprendente en el parecido de su arquitectura al Hospital de General Madariaga: techos de chapa a cuatro aguas, remate con pararrayos torneados, esquineros reforzados con guarda de cemento. Esta propiedad fue edificada en épocas contemporáneas con el hospital por una misma familia y seguramente por un mismo arquitecto.


Las palmeras de ambos parques, plantadas en una misma época hoy lucen igualmente imponentes.


La familia Calmejane – propietarios de origen Francés - vivió originariamente en Paraguay, dedicados a la industria textil. A la muerte de sus padres, los hijos vendieron la industria y decidieron invertir en campos en Argentina.


La dueña de Los Zorzales, sin descendencia, ha colocado las propiedades a nombre de sus sobrinos, conservando el usufructo mientras viva.


Son caseros el matrimonio De Maio y su pequeño hijo.


Las casas del casco se encuentran conservadas al estilo de moda de principios de siglo XX. Hermoso y amplio estar en “L”, con cortinas y almohadones confeccionados por la propietaria. Un elegante hogar de leña revestido en cedro y un mueble negro tallado traído de Paraguay son el centro de la atención.


La cocina, enorme, revestida de azulejos blancos, con gran aparador de roble de doble alzada, guarda impecables en una hornacina del muro tres artefactos hogareños, antepasados de la procesadora: picadora de carne, mantequera y descremadora centrífuga, todas fabricadas con pesado hierro y chapa.


Los cuatro dormitorios se comunican por amplios pasillos y los dos espaciosos baños conservan su factura original.


Visitamos a don Juan Nicolini, encargado de la zona de servicio, cocheras, matera, carnicería…en la herrería otra sorpresa: una máquina agujereadora manual con enorme rueda que vemos en acción.


Completa el nostálgico encanto un palomar, del mismo estilo de las demás construcciones, que supo satisfacer inclinaciones gastronómicas de otros tiempos.



ESTANCIA SAN CAYETANO


Ubicada en las inmediaciones de la estación Juancho, lindando con las propiedades de Leloir al sur y Aarón de Anchorena al oeste, incluyó la laguna que le daba su nombre.

San Cayetano integró el legado testamentario de Catalina Guerrero de Martínez Ituño, juntamente con Los Zorzales y La Providencia.



ESTANCIA MARTÌN GARCÌA


DE LUCIANO FORTASÍN






HEREDADA POR JORGE GUERRERO, ADQUIRIDA POR MANUEL GUERRERO,



QUIEN VENDE A ENRIQUE DUHAU Y ÉSTE A LUCIANO FORTASSIN EN 1941


PROPIETARIOS DESDE 1949:


Elina Fortassín de Arrechea


Graciela Fortassín


María Rosa Fortassín de Bordazar


Sucesores de Juan Carlos Fortassín.











 
El 15 de agosto de 2006 entrevisté a una de las herederas, Elina Fortassín de Arrechea.


Elina está acompañada por uno de sus nietos, Juan Pablo, que participa con agrado de la charla. Ante todo repasamos el álbum con las fotos de las recientes bodas de oro del matrimonio Arrechea. Luego vino el mate y fue saliendo la historia.


Luciano Fortassín, padre de Ellina,  arrendaba en los años 30 las estancias El Centinela, Las Chilcas y Siempre Viva de Cibils Cobo, partido de Lavalle.


Cuando dejó El Centinela lo arrendó Melón Gil, quien luego lo compró. Siguió Fortassín por un tiempo con el arriendo del resto.


“Éramos chicos y sabíamos ir con mi padre al campo. Tenía un matrimonio que cuidaba. Don Félix Rojas y su esposa Anita. Tenían tres varones y dos mujeres. Cada vez que volvíamos del campo traíamos cantidad de cebollas y tomates enormes. La quinta de Anita estaba casi en la arena, y era de una tremenda fertilidad.”


–“Cuando la inundación del 40 nació mi hermana Graciela. Papá tuvo por muchos años arrendado el campo de San Lorenzo y allí estaba cuando lo sorprendió la inundación. Al recibir la noticia del nacimiento de mi hermana, llegó en una balsa hasta el puente de Las Rosas, donde lo esperaba en un sulki Don Serafín Goñi, un tío de la mamá de los Pasini.”


Una epopeya contada con la naturalidad del hecho cotidiano. Llega Daniel, uno de los siete hijos de Elina y Heriberto Arrechea. Se prende al mate. Ha traído tortas fritas para convidar a su antigua maestra (yo).


Al término de su arrendamiento, Fortassín vendió toda la hacienda que tenía en los enormes campos arrendados, por consejo de su gran amigo Jorge Lanusse, consignatario de hacienda. Los Lanusse tenían amistad también con Enrique Duhau, propietario del campo “San Bernardo”, vecino a “El Centinela”, en Ajó. Por su intermedio supo don Luciano que Duhau quería vender su propiedad “Marín García” en las inmediaciones de Juancho. Así se dio el negocio.


“El 15 de agosto de 1941, en el día de hoy, el día de la Virgen, con el dinero obtenido de la venta de toda su hacienda, compró Martín García, de 8.066 hectáreas. Así se daban los negocios en ese momento. Se podía comprar un campo enorme con la venta de todo el ganado. Llevó de encargado a don Pedro Sanmillán y como capataz a Hernán Jorge.


Hasta ese momento nosotros veraneábamos en el hotel Ostende. Cuando papito compró el campo con playa, con una casa buena, íbamos al campo todo el verano. Graciela recién comenzaba a caminar. Yo tenía 8 años.


El campo había sido de don Manuel Guerrero, quien se lo vendió a don Enrique Duhau, cuya esposa era Teresa Lacroce Quirno, creo. El fue Ministro de Agricultura. Le administraba su cuñado Norberto Quirno.


Cuando Guerrero vendió el campo a Duhau los límites de Martín García incluían los médanos. Llegaba a la playa. Al practicarse la sucesión, luego de la muerte de Papito, cometieron un error en el trazado de los planos de subdivisión y no se incluyeron los médanos. Comenzó entonces una pelea legal que duró años, pero que ya se ha resuelto mediante una negociación. Cedimos al estado una franja transversal del condominio de los médanos, que corresponde a Villa Gesell ahora, a cambio de quedarnos en la franja costera. Villa Gesell hace allí las carreras y travesías de cuatriciclos en los médanos.


Graciela vendió su franja a una empresa chilena que proyecta construir San Alfonso, que limita con Villa Gesell y yo acabo de vender la mía a una empresa española, solucionadas las trabas que impone la ley de aguas. Los chicos – se refiere a los sucesores de su hermano Carlos Fortassín - conservan la suya.


Duhau había hecho el chalet principal. Cuando compró papito, la casa que había sido de Guerrero estaba ya cayéndose, y Duhau estaba en ese momento haciendo una vivienda para el encargado que terminó justo en 1941. Tenía galpón, garage y a su lado dos piecitas: una para guardar cosas y otra para la herrería. El herrero se llamaba Roberto Romero, recientemente fallecido. Su esposa trabajaba en la casa en las tareas domésticas. El encargado general era don Benito Lozano, que no era de estos pagos.


La casa principal tiene una mayólica de Santa Teresa muy linda porque la señora de Duahu se llamaba Teresa, y su hija también. Esa casa le tocó a mi hermana Graciela.”


Es una hermosa casa colonial, blanca, de una sola planta, con una galería de arcadas, ventanas con un artístico trabajo en sus rejas y el techo decorado con molduras. Un amplio parque bien cuidado. En su parte trasera vemos un gran galpón sólido de chapa y mampostería y en uno de sus costados la típica casa de los peones con matera, alargada, con su alero de chapa sostenido por columnas de hierro.


Tenía carnicería, que todavía está, del mismo estilo de la casa. La casa del encargado es una construcción cómoda, con porch, la más nueva del conjunto, data como dijimos de 1941.


“Recuerdo a los puesteros – va nombrando Elina con gratitud - El campo tenía 5 puestos. En uno estaba Chaparro, Márquez, Mansilla, que tenía 17 hijos, Jorge, quien también tenía muchos hijos.” – dice mi memoriosa cronista.


Al comprar don Luciano el campo, la entrada al casco se hacía llegando por la ruta de Juancho, por lo que el frente de la casa se orientó hacia este punto. El señor Fortassín achicó el parque, hizo un potrero y la tranquera de entrada al casco quedó por el otro lado. Es así que a la casa hoy se entra al revés.


En ese momento no había camino desde el cruce a Gesell y quienes iban al balneario tenían que entrar por esa tranquera del potrero de adelante y abrir y cerrar ¡trece tranqueras! Le decían el “camino de las trece tranqueras” – acota Daniel.


Cuenta Elina:


“Don Carlos Gesell – yo lo conocí muy bien - luchó tanto para tener camino hasta Villa Gesell, tanto habló con papá y con uno de los Leloir de Macedo, el lindero, que no pasaba semana en que no entrara don Carlos a solicitar la cesión de los metros necesarios para hacer el camino desde el cruce. No se podían poner de acuerdo, hasta que los dos cedieron una parte (aunque mi padre cedió más) y se hizo el camino que va desde el cruce a Gesell. Cuando se hizo el camino se solucionó el problema de las tranqueras.”


Elina me cuenta que ellos mismos, antes del camino, iban montados a caballo, en carro o en zorra tirada por caballos, atravesando su campo hasta el alambrado, cruzaban a los médanos y de allí a la playa. Eran cuatro hermanos…con primos…..amigos….novios. “Antes disfrutábamos mucho la playa.”


Luciano Fortassín falleció en 1949 – sólo disfrutó su propiedad durante 8 años - y llegó la sucesión. Todos sus hijos eran a la sazón menores de edad, por lo que su esposa debió hacerse cargo de todo. El apellido materno de los Fortassin es Vieytes.


“Cuando yo me casé me dieron mi parte, y mis hermanos siguieron hasta su mayoría de edad. María Rosa recibió su parte, también Graciela y Carlos. La subdivisión estaba hecha, ya de antemano. Seguimos con los médanos en condominio con mamita, ya que a ella le aconsejaron no quedarse con campo. Sólo puso la hacienda a su nombre.


Cada estancia lleva ahora otro nombre. Ninguna se llama Martín García.


“El Centauro es de Graciela. El mío se llama San Luciano, y Santa Teresa el de María Rosa y también el de los chicos. Están separados pero se llaman igual.


“En el fondo del campo de los chicos, hubo un viejito Bidalún, cuya esposa se llamaba Margarita. Allí también existió una escuela durante años, la número 4, que se mudó a Monte Rincón, creo. Alambre por medio con el puesto de Bidalún estaba, en el campo de Leloir, la familia de Argentino Luna, él se crió allí. Margarita y la mamá de Argentino Luna eran amigas, se visitaban a diario. Esta señora tenía una particularidad. Usaba una camisita prendida adelante y se abría los dos botones superiores para que asomara la cabecita su lora, a quien llevaba siempre cobijada en el pecho.


Elina me cuenta una linda historia de Argentino Luna


Cuando Argentino Luna se fue a vivir a Villa Gesell, su maestra fue Kety Vieytes, - prima de los Frotassín por parte de madre - a quien adoraba. Para una Fiesta del Gaucho, cuando él ya era una celebridad, ella fue a saludarlo al camarín y él en la sobremesa le compuso una canción. Nosotras éramos de la Cooperadora del Hospital, -las Damas Rosadas- teníamos el quincho y debíamos servir la cena para la Escuadra Azul. Se puso a llover a cántaros y se nos quedó todo el mundo adentro. Trabajamos muchísimo esa noche, hasta muy tarde. Allí Ketty recibió el homenaje cantado de su ex alumno.


Ha caído la noche y me despido de esa cálida familia Arrechea, con quienes hemos compartido historias escolares en el pasado. Gracias por el buen momento.


ESTANCIA LOS MANANTIALES
HERENCIA DE ENRIQUE GUERRERO
SUCESORA MARÍA CRISTINA GUERRERO VILLAR


Entre las narraciones de “Cuero Crudo”- un personaje que fue testigo del movimiento de gente en las estancias por haber sido peón, hachero y hasta agente de policía – se encuentra una muy interesante por ofrecer la otra cara de la vida en nuestros campos.


La llama “Obrajes en Los Manantiales” y dice que por 1914 se decidió en esta estancia dar tierra para ser desmontada a quienes tuviesen interés en dedicarse a la agricultura. Compara el narrador al método utilizado en Balcarce en 1880, en que se daba al chacarero varios años de gracia por el desmonte y éstos posteriormente arrendaban barato y algunos hasta compraron. Pero en 1930, al caer Hipólito Irigoyen, los conservadores cometieron tantos abusos, que, sumados a la depresión, decidieron a muchas de aquellas familias a venirse desde Balcarce para participar en el desmonte. Es cuando se comienza a poblar el Monte Grande de Tío Domingo y Los Manantiales.

El turco Nasif Flores fue el primero con visión comercial que instaló una pulpería. Vendía carne de oveja y a los changarines del monte les cambiaba las astillas por vicios. Instaló mesas de juego y les puso un coimero. Todo bien montado para quedarse con el dinero de los obreros, ignorantes y analfabetos. Algunos de los changarines, más astutos, vieron el negocio de traer mujeres. Para este negocio lo que hay que tener son agallas, porque en un lugar como ese, aislado y donde casi no viven mujeres, al más guapo se la birlan en cuanto se da vuelta.

Los ranchos eran de junco. Desde el puente El Sauquito hasta Los Zorzales se hizo una vía de trocha angosta con dos zorras y una máquina que levantaba las astillas y troncos. Carreros como Aranda, Chirotte, Zapata, Rivero, Jiménez, acarreaban la leña del monte hasta el terraplén. Cuando llegaba la zorra cargaba los montones que había cada diez o quince metros, movilizándola con una barreta a palanca, porque la máquina – manejada por Lúquez - la dejaba. La leña iba a la estación, y en el tren “Juanchero” desde allí a Buenos Aires.

El capataz del obraje era don Braulio Espíndola. El trabajo era cruel, de sol a sol y apenas se terminaba un abra entraban los tractores con arado de disco a romper la tierra virgen. La mejor tierra del mundo. Gerardo Mateo decía que para la colza y el nabo no hubo mejores tierras.

Al cabo del día, en el boliche de Nasif, Santiago Piñero pesaba la leña al hachero y la canjeaba por mercaderías, carneaba, despachaba vino de damajuanas, suelto. A las mujeres que venían a buscar la carne él se la ponía al cuello, así nomás, sin envolver.

El Comadreja, El Chito y el Chelo Arriola – sobrinos de Piñero - estaban allí con sus respectivas hembras y el tío dos por tres pedía alguna para llevarla a su rancho. Un día El Chelo le negó su mujer y se pelearon por La Gringa en brutal duelo. Piñero se enredó con una raíz y el Chelo lo quiso matar. Pero la mujer le dio un empujón y pacificó:

-Dejalo, me voy con él y en un rato vuelvo.

Me doy cuenta al leer esto, con gran pena, que eran estas mujeres sufridas, a las que la vida les había negado absolutamente todo. Eran castigadas por los borrachos, -maridos o clientes- perseguidas por prostitución, saqueadas por sus chulos, cautivas y esclavas. Esa “Gringa” seguramente debió ser de las que engañaban los traficantes de blancas en Polonia con promesas de casamiento y las vendían al llegar.

En una chacra de Telly Miranda – sigue contando Cuero Crudo - había varias mujeres que salían por los obrajes, obligadas a buscar clientes. Estos sobrinos con su tío tuvieron en un puño a toda la colonia durante años. Memorables fueron los planazos y garrotazos de aquellos taitas del arrabal de Madariaga que fueron a parar a ese obraje. (*)

Más adelante, en la plazoleta de Los Manantiales se instaló Lucía Madrid con boliche y carreras cuadreras. Tampoco su clientela fue selecta. Casi al mismo tiempo puso otro boliche Santiago López y después llegó Bas Aumiral. El monte se fue terminando, el rancherío comenzó a desaparecer, fueron llegando los chacareros a labrar la tierra y llegó el progreso al lugar. Montenegrinos y gringos de todas las razas se instalaron para formar una nueva sociedad, más normal, más familiar. Tenían el tren para sacar los productos y eran felices trabajando. Pero se fue el tren. Sin él, fueron cada vez menos.

ESTANCIA LA ANGÈLICA DE ANTONIO PORRETTI
FUE PARTE DE LA HERENCIA DE LUÍS GUERRERO, LE CORRESPONDIÓ POR SUCESIÓN A SU HIJA,MARÍA CRISTINA GUERRERO Y LAVALLEJA, QUIEN VENDIÓ A ANTONIO PORRETTI.






1896 –Fallece Carlos José Guerrero y Reissig. Hereda la totalidad del campo su esposa Felicitas Cueto y Montes de Oca.


1906 - El 8 de noviembre fallece Felicitas Cueto de Guerrero a los 84 años. Su hijo Luís Guerrero hereda el casco de Juancho con 6.871 ha. Sólo unos días después, el 27 de noviembre, fallece Luís a los 54 años, recién casado en segundas nupcias.


1907 – María Cristina Guerrero y Lavalleja, hija del primer matrimonio de Luís Guerrero - con María Lavalleja, de nacionalidad uruguaya, hija del patriota del grupo de Los 33 Orientales - hereda la mitad del campo de su padre en Laguna de Juancho. La otra mitad corresponde a su segunda esposa, Adela Pérez del Cerro de Guerrero.


1914 – Antonio Porretti, hacendado experimentado, con otros propiedades rurales en Alem, Casalins, Lavalle y Maipú, compra el 16 de julio de ese año a Ma. Cristina Guerrero y Lavalleja la propiedad heredada de 3.530ha., 37a. y 20ca. Designada con la letra “A” en el plano de subdivisión realizado por el perito Enrique Glade, fue adjudicada por sorteo a la parte vendedora el 10/12/1910 y protocolizada por el juez Fernández Blanco en 1911. Porretti bautiza “La Angélica” a su propiedad.


1917 – El 28 de agosto Porretti arrienda parte del campo con opción a compra a los señores Cayetano y Ernesto Muglia.


1918 – El 4 de febrero los arrendatarios compran 1560 ha. del campo “La Angélica” a Antonio Porretti valuadas en $120.000 m/n.


1919 – Porretti firma un permiso a Ferrocarril Sud en la persona de Esteban Arenillas para construir un desvío industrial en su campo hasta el de Muglia a fin de extraer el monte de leña de ambos.


1921 - Vencido este permiso, Porretti no lo renueva porque considera que la línea que pasa por su campo está siendo usada por el ferrocarril en especulaciones comerciales para acceder a otros campos no especificados en el acuerdo y solicita el levantamiento de la vía. Esto le ocasiona un incidente legal con Muglia, con quien, en el momento del arrendamiento se había firmado una servidumbre de paso que éste alude como razón para continuar con su obraje y el traslado por ferrocarril.


1930 – La Cámara de apelaciones de Dolores falla a favor de Porretti porque la servidumbre prescribió al terminar el arrendamiento y quedó probado que Muglia se había comprometido a levantar las vías a su costo al terminar el contrato. Al venderse el campo en 1918, dicha cláusula de servidumbre de paso no existió. Se condena a Muglia a pagar $1050 por año desde 1922 más intereses hasta que sea saldada la reparación.


1930 – Leo en una nota firmada por Porretti, que desiste de toda acción contra Muglia, o a percibir ningún dinero. Evidentemente hay una oferta para seguir con la vía por parte del ferrocarril. Es indudable que era la parte interesada, ya que sus máquinas se alimentaban con el carbón y la leña de los obrajes.


1932 – Leo una carta del arquitecto Augusto Huguier -mediador entre Antonio Porretti y el ferrocarril- dirigida al Gerente de F.C.Sud, Robert Stuart, donde, continuando con una conversación ya avanzada, propone el mediador:


1- Participar en la solución ofreciendo al ferrocarril un terreno de su propiedad en donación en el Balneario Atlantic City-Ostende de 826.43m2 por valor de $ m/n11.019, que el ferrocarril destinará a Colonia de descanso o Club para el personal, u otro que desee. Ubicado en Manzana uno, fracciones a, b, c y d de 26 m frente al Océano. *


2- El Sr. Porretti reduce la suma solicitada de $50.000 a $45.000 por la compra – por parte del ferrocarril - de 28 ha. de terreno afectado a la vía, a dos caminos laterales y a la estación.


3- Al recibo del dinero el Sr. Porretti ordena telegráficamente la suspensión del levantamiento de la vía.


4- Toma de posesión inmediata y uso por parte del ferrocarril.


5- Suspensión de juicios y reclamos a ferrocarril y a Muglia.


6- El ferrocarril realizará las obras en el plazo de 6 meses.


7- Las calles serán abobedadas, alambradas y con pasos a nivel, con desagües y tránsito público. No podrán ser cerradas nunca.


8- Planos a cargo del ferrocarril con lo enumerado, así como gastos de escrituración.


9- He conseguido de la sucesión Manuel Guerrero permiso para sacar cuanta arena necesite el ferrocarril para hacer las obras.






*N de la A: Esta nota del mediador que ofrece el terreno en Atlantic City-Ostende, llegó a mí en un borrador firmado con las iniciales “A H”, que corresponden al arquitecto Auguste Hughier, uno de los dueños del Atlántic City – actualmente Albergue de la Juventud - cuya mayor preocupación era el aislamiento que le conferían los médanos a todos sus emprendimientos. La lucha por el ferrocarril era primordial.


LOS MANZANARES. GRAL. MADARIAGA

La firma de Sidra La Victoria fue fundada en 1911 por mi abuelo Manuel Otero, español de Galicia, de lo que originalmente fue un gran almacén importador en Avenida de Mayo y Chacabuco. Hasta su muerte, él presidió la firma. Le sucedió mi padre, Manuel Ángel, al frente de la empresa entre 1957 y 1978, a quien sucedió Guillermo Giambastiani, nieto del fundador, en entre 1978 a 1987.


La sidra que se consumía en nuestra tierra era importada de España en su totalidad. Cuando fue posible fabricarla en Argentina se fundó la firma Sidra La Victoria en Gral. Madariaga.

Corrían los años 40 cuando mi padre, quien ya se había incorporado a la empresa familiar, recorrió la zona y en especial las exitosas plantaciones de manzanas de Macedo y Charles.

Estancia Los Manzanares

La estancia de Los Manzanares debió su nombre a esas plantaciones, no demasiado extensas inicialmente, pero a las que se fueron incorporando parcelas hasta sumar 350 hectáreas. Al momento de la compra (estimo que en la segunda mitad de la década del 40) el establecimiento contaba con un antiguo casco formado por una casa principal, piezas para los peones y unos galpones para las maquinarias agrícolas.

Allí vivía Don José O‘Hauss, administrador con los dueños anteriores que continuó con los nuevos propietarios. Este hombre (imponente por su altura y su personalidad) era alemán de nacimiento y amigo de Don Carlos Gessel así como vinculado a otros antiguos miembros de la colectividad alemana de la villa y de Pinamar. Años después, siendo muy mayor, podía vérselo desafiando los caminos vecinales y el trazado antiguo de la Ruta 11, al volante de su Ford A transformado en chata, aún en los días en que la lluvia los tornaba casi intransitables.

LA FÀBRICA

Comenzó a construirse en 1950. Era un edificio de ladrillo y techo de losa con un cuerpo central de alrededor de 70 metros de largo, un sector adyacente, y un edificio para las usinas. El complejo industrial de la Bodega nº 2 (la Nº 1 era la de Capital Federal) también contaba un edificio para el encargado y su familia y con dependencias para personal de la empresa y trabajadores ocasionales durante la molienda. Con el tiempo, se construyó una pequeña vivienda para permitir alojarse al personal jerárquico de la firma. En los primeros años, tanto el Ingeniero Bardi como el Dr. Onetto, químico, supervisaban esa primera etapa en la elaboración de la sidra.

La estancia desarrolló simultáneamente actividades ganaderas, llegando a contar con cerca de 500 cabezas de ganado. Este aspecto de la actividad era dirigido por Don José O´Hauss, a quien le sucedió Don Juan Domingo Lambertucci. Este fue un vecino de Los Manzanares que durante años presidió la Cooperativa Agroganadera de Madariaga.

Si bien ocasionalmente se sembró en algún potrero trigo, maíz o papa, prevaleció la explotación ganadera de cría. Recuerdo a los puesteros Juan Clavero, su sobrino de apellido Rojas y Daniel Ballo, quienes realizaban las tareas propias de este tipo de explotación.



DON JOSÈ, EL ALMA DE LA FÀBRICA
En la planta industrial, la molienda se hacía desde febrero hasta abril o mayo.

El “alma de la fábrica” fue su encargado, Don José Pérez. Este valenciano que había llegado en los años 50 a nuestra patria, acompañó toda la historia de la fábrica, porque llegó a poco de comenzar a funcionar y estuvo hasta su cierre y venta definitiva.

Él dirigía el ininterrumpido y maravilloso proceso que iba desde la descarga y lavado de las manzanas, el fraccionamiento y elaboración del primer jugo en la prensa, la limpieza de los grandes discos donde quedaban los restos de manzanas trituradas (como un puré gigantesco…) y la limpieza posterior de todas las maquinarias y del lugar, para volver a recomenzar al otro día. En los años posteriores, él velaba por la limpieza y mantenimiento de las cubas de madera y del proceso de estacionamiento de esos deliciosos zumos que albergaban. A pesar de tanto trajín, él siempre encontraba tiempo para su pasatiempo preferido: la quinta. A la vera de la fábrica cultivaba don José deliciosas y delicadas hortalizas. Luego de su jornada laboral o en los fines de semana, encaminaba sus pasos pala y azada al hombro, para poder luego tener el gusto de convidar.

“Pérez” (como todos lo llamábamos) vivió en Madariaga con su esposa Doña María desde su retiro. Gracias a una herencia familiar pudo comprar una casa. Testimonio viviente de su trabajo, honestidad y dedicación es esa familia formada por el matrimonio y sus hijas Pepita y Ana María, sus nietas, nietos y bisnietos. Todos ellos nos honraron siempre con una amistad, cariño y lealtad que fueron mucho más allá de la relación laboral.

Al mermar la producción de manzana en la zona, la firma decidió establecer una nueva bodega en la zona del Alto Valle de Río Negro, en la localidad de Cipolletti. Así, comienzos de los años setenta, se delineó y construyó la Bodega Nº 3. Ese desplazamiento geográfico de la producción a la zona del Alto Valle, restó trabajo a la planta de Madariaga, que pasó a ser un lugar donde maduraba el jugo de manzana como paso previo a la última etapa que se hacía en la planta embotelladora de Buenos Aires. A partir de esa etapa, el personal que siguió trabajando en la fábrica fue mínimo.


LA FÀBRICA CAMBIA DE UBICACIÓN
La sidra, siendo un producto apreciado y tradicional en el gusto de los argentinos, siempre tuvo un consumo que podríamos denominar “estacional”, es decir, muy vinculado a las fiestas navideñas y de fin de año y a algún acontecimiento familiar ocasional. Pese a los esfuerzos empresariales, resultaron prácticamente infructuosas las estrategias destinadas a “ensanchar” ese mercado y darle continuidad a lo largo del año.

Otros factores se sumaron para hacer que las dificultades financieras fueran creciendo y así fue que se decidió vender la mayor parte del campo, dejando sólo el predio de la fábrica con unas pocas hectáreas que lo rodeaban en 1980.

Los nuevos propietarios de la estancia la llamaron “La Madrugada”.

En 1984 se vendió la fábrica y sus hectáreas adyacentes y la empresa La Victoria pasó a tener nuevos dueños en el año 1987.

Me resulta imposible poder trasmitir aquí todas las vivencias que guardo de mi familia en esta tierra tan querida. Para todos nosotros los Manzanares - y a partir de él toda la zona - se volvió un lugar profundamente entrañable, con el que establecimos un vínculo afectivo que permanece intacto hasta hoy. En distintos momentos del año, especialmente en las vacaciones estivales, ese lugar era un verdadero remanso para nosotros.

De los recuerdos que podría rescatar de la memoria del corazón, podría mencionar el inconfundible perfume de las manzanas que emergía de las bolsas e inundaba el predio durante la molienda; la hacienda que se acercaba a la bebida cada día para recibir el delicioso “suplemento” de los restos de manzana que allí eran arrojados luego de la molienda; nuestras incansables andanzas en un Jeep doble tracción, “barreando”, desafiando los médanos o uniendo Pinamar y Mar de Ajó por la playa (cuando no “rescatando” con una cuarta algún micro de las Empresas Antón o Río de la Plata, encajados en la ruta 11 después de una lluvia y yendo o viniendo de Charles…); mis primeras experiencias cómo aprendiz de cazador, animándome a las liebres, perdices y hasta palomas del monte…los asados en aquella “churrasquera” de adobe y paja que mi padre construyera, y que se prolongaban en animados partidos de truco donde él, Don Juan Lambertucci, Pérez y yo nos “sacábamos chispas” entre envidos, trucos y refranes….

Cómo no recordar también aquellos gloriosos días de fiesta campera, donde el apartar, seleccionar un lote para la venta, vacunar, capar o arrear la hacienda, nos introducía en los misterios de esa sobria alegría que embarga a los paisanos en esas faenas, mientras el asado al asador parece ser vigilado por alguien invisible…

Aprender casi naturalmente aquella sentencia paisana que afirma que a un campo sólo se lo conoce bien de a caballo, para abrirse luego a una verdad más profunda. Aquella que Don Ata retrató con tanta belleza y exactitud:

“Campo afuera y cielo lindo,

¡ch’a que es lindo galopear!

Y sentir que adentro de uno

se agranda la inmensidad…”

(“Para el que mira sin ver”, Atahualpa Yupanqui)

En esas tardes pampeanas de monte de robles y atardeceres, en esas noches estrelladas que presagiaban heladas o días de playa, mi hermana Patricia y yo fuimos también conociendo a Aquel a quien consagramos nuestras vidas y con alborozo, cantan los salmos:

“El cielo proclama la gloria de Dios,

el firmamento pregona la obra de sus manos:

el día le pasa el mensaje,

la noche a la noche se lo murmura” ( Salmo 19)

LA INCURABLE NOSTALGIA DEL PADRE CARLOS OTERO
Y todo eso que Dios iba “amasando” en nuestro corazón a través de la naturaleza, creación y huella suya, cada domingo encontraba en las palabras apasionadas y evangélicas del Padre Carlos Silvestre, su confirmación y un impulso difícil de expresar… Sí, ¡cuánto le debemos a ese hombre!... Con los años, pudimos conocerlo y tratarlo más de cerca y beber del pozo de su sabiduría. A través de él conocimos una familia muy querida para nosotros, los López Melón, una de cuyas hijas, María Amalia, entró en el Carmelo de Mar del Plata y acompaña desde su oración y amistad nuestra vida desde hace más de 20 años.

La partida del Padre Carlos fue una pérdida muy dolorosa. Su recuerdo y herencia, imborrables… Aún permanecen vívidas en mí las imágenes de aquella Misa de despedida y del entierro posterior, donde la vista se perdía en esa interminable caravana que despedía a su pastor… Tampoco he olvidado aquel gesto suyo cuando, recién ordenado yo sacerdote, me invitó a celebrar junto con él unas Primeras Comuniones de Madariaga, en ese mismo templo donde tantas veces lo había escuchado…. Sin exagerar en absoluto, para nosotros Madariaga no sería Madariaga sin él…

Quien lea esta sencilla evocación seguramente atisbará hasta qué punto Los Manzanares y estos pagos del Tuyú están dentro de nuestro corazón. Es justo entonces que como hijo de quien los recorriera por primera vez en aquellos lejanos años 40, pueda testimoniar acerca de tantas horas felices vividas allí y de la bondad y laboriosidad de tantos hermanos. Por eso también puedo afirmar humildemente que el decaimiento, ocaso y venta de la fábrica y del campo significó para nosotros no sólo compartir el dolor por el inocultable perjuicio económico para la zona, sino también un desgarrón por perder un lugar entrañable. Sin embargo, sentimos que no se ha perdido del todo: vive de verdad en nuestro corazón y ya nada ni nadie podrá borrarlo de allí…
Gracias a todos, en nombre de mi padre y mi madre que ya “se fueron para el silencio” y en el de Mónica, Patricia y el mío propio.
Reverendo Padre Carlos Manuel Otero

NOTA DE LA AUTORA: Esta fracción perteneció a la estancia San Martín, heredada por Antonia Guerrero de Albarellos en la sucesión de los Montes Grandes de 1907. San Martín pasó a integrar, en su mayor parte, la sección quintas de General Madariaga. Hoy vemos en al plano rural del año 2004 de General Madariaga, que El Manzanar ha cambiado su nombre por el de La Madrugada y pertenece a Goypun conservando sus 270 has. Iniciales. Aún se ven, en su frente sobre la ex ruta 11, los galpones donde otrora se fabricara la prestigiosa y exquisita Sidra La Victoria.


ESTANCIA LAS LOMAS
DE PIÑEIRO PEARSON
Perteneció a los campos de Martín de Alzaga, aquellos legendarios Montes Grandes, inmensos y salvajes. La estancia llamada “Juancho Viejo” se extendía a través de los actuales territorios de Pinamar, Ostende, Valeria del Mar, Cariló, General Madariaga… 40 leguas de llanuras humedales, montes de tala, lagunas, todo ello junto al médano y la playa. El mar era el fin de todo, era su defensa y su barrera, era, en ese momento del siglo XIX, la orilla ignorada, la ribera improductiva del “fondo de campo”.


A la muerte de Alzaga, la bella viuda Felicitas Guerrero tomó a su cargo estos campos, ayudada por su hermano Manuel. Felicitas venía en diligencia, desde “La Postrera” a “Juancho Viejo” a campo traviesa, ya que no había caminos ni alambrados, recorriendo y supervisando los puestos de La Invernada , El Rosario y Martín García.


Felicitas murió trágicamente muy joven, la heredan sus padres Carlos José Guerrero y Felicitas Cueto a quienes a su vez suceden sus hijos, los hermanos de Felicitas.


Manuel Guerrero obtiene así parte de “La Postrera”, donde edifica la hermosa “Villa La Raquel” en Castelli, en honor a su mujer Raquel Cárdenas. Esta propiedad fue donada a un Conservatorio de música, por Valeria Guerrero de Russo, que falleciera sin descendencia


Dentro de la herencia de Manuel Guerrero estaba “La Invernada” , cuyo territorio se reparte hoy entre Pinamar , Ostende, Valeria del Mar, El Talar, y “Las Lomas” de Delia María Bosh de Piñeiro Pearson, excelentes campos agrícola-ganaderos a los que se accede en el camino de General Madariaga a Juancho: el camino de tierra que antaño nos llevaba a Villa Gesell.


Manuel Guerrero fue un pionero entusiasta que hizo acuerdos con el Ferrocarril Sud para aprovisionamiento de arena, carbón y leña, con lo cual logró y diagramó la prolongación de las líneas férreas, llevándolas hasta sus médanos, en el lugar que se llamó en ese momento Punta de Rieles, donde hoy está el destacamento de la policía caminera en la rotonda de acceso a Pinamar. Así logró acercar un transporte a Ostende, las tierras que había vendido a una empresa Belga que iniciaba ese emprendimiento.


Ya desde 1924, en el período de posguerra se utilizaba el tren para acarrear la leña de los montes de tala, que los estancieros vendían a los ingleses para suplantar el carbón.


En 1949, Valeria Guerrero, heredera de estas tierras, junto a su esposo Juan Pablo Russo, debieron defender este logro, ya que las vías de General Madariaga a Pinamar iban a ser levantadas. Lograron no sólo que corriera el Huemul- el primer tren de pasajeros- que, al no haber caminos confiables, fue factor de progreso de los balnearios.


Los herederos de Manuel Guerrero fueron tres de sus hijos, ya que Manolo había muerto sin descendientes.


* Valeria Guerrero de Russo, a quien le quedó “La Invernada” y “El Rosario” , que hoy son “El Talar”, Pinamar, Valeria del Mar, Ostende.


*Marta Guerrero de Piñeiro Pearson a quien correspondió “Las Lomas”


*Bebe heredó “Felicitas” en la estación Juancho.


Marta Guerrero de Piñeiro Pearson, tal como hiciera su legendaria tía Felicitas, pero contando con la ayuda de sus hijos Luís y Carlos, tomó a su cargo con decisión “Las Lomas”.


En poco tiempo fue éste un establecimiento exitoso, dedicado a la cría de Aberdeen Angus, donde se practica también la agricultura, se crían ovejas y se realizan actividades de tambo. Su esposo, Miguel Piñeiro Pearson fundó y estuvo al frente de la cabaña de Aberdeen Angus.


Marta Guerrero de Piñeiro Pearson, sin desoír el duende fundador y participativo que lleva adentro su estirpe, estuvo presente en la fundación de la Iglesia Nuestra Señora de la Paz de Pinamar, a la que donó el sagrario que está en la pared detrás del altar y el Cristo tallado en madera.


Hoy “Las Lomas” se encuentra dividida entre tres de sus cuatro hijos:


Carlos conservó el nombre Las Lomas porque quedó con las dos casas principales y el galpón que fuera para la antigua esquila y depósito de lana del casco de la estancia.


Vecina al casco, su hermana Eleonora fundó “Don Miguel”.


Luís, al un lado del casco, recibió el campo que llamó “San Luís”, hoy propiedad de su mujer Delia Bosch de Piñeiro Pearson y sus siete hijos. Esta familia, descendiente de los primeros estancieros del Partido, continúa en posesión de su herencia.